El Espectador es el periódico más antiguo del país, fundado el 22 de marzo de 1887 y, bajo la dirección de Fidel Cano, es considerado uno de los periódicos más serios y profesionales por su independencia, credibilidad y objetividad.
El 7 de septiembre, el emblemático Teatro Colón, en el corazón de Bogotá, fue escenario de la decimoquinta edición del Premio Nacional de Derechos Humanos. Este galardón, impulsado por la organización sueca Diakonia y Act Iglesia Sueca, con respaldo de la Embajada de Suecia, busca visibilizar la resistencia de quienes, desde los territorios, desafiando la violencia en Colombia, protegen la vida y los derechos humanos. La premiación se divide en cuatro categorías que reconocen trayectorias individuales, procesos colectivos, organizaciones sociales y una vida entera dedicada a esta causa.
La categoría “Defensora del Año” en esta edición destacó a Yuly Andrea Velásquez. Ingeniera ambiental y presidenta de la Federación de Pescadores Artesanales Ambientalistas y Turísticos del Departamento de Santander (Fedepesan), Velásquez ha innovado al convertir las canoas regionales en laboratorios móviles donde recolecta pruebas de contaminación ambiental. Su labor combina tradiciones ancestrales con metodología técnica, documentando afectaciones como vertimientos ilegales y mortandad de peces, amenazas graves para la seguridad alimentaria de más de 500 familias.
En la categoría “Experiencia o Proceso Colectivo del Año”, el premio fue para las Mujeres del Consejo Regional Indígena del Cauca (Mujeres CRIC). La región, marcada por la presencia de actores armados y violencia de género, ha visto en estas mujeres un ejemplo de resiliencia y organización. Han desarrollado un observatorio especializado en violencias basadas en género, así como la formulación de una política territorial propia para la atención de sobrevivientes, empoderamiento económico y la construcción de la paz desde la familia y la comunidad.
Por su parte, la Corporación Jurídica Libertad (CJL) fue reconocida en la categoría de “Organización Social - ONG”. A lo largo de más de tres décadas, CJL ha trabajado en la defensa de víctimas de ejecuciones extrajudiciales y desaparición forzada, especialmente en Antioquia y Chocó, acompañando a colectivos y personas en litigios emblemáticos y promoviendo el liderazgo ambiental y la justicia social.
El premio ‘A Toda una Vida’ fue otorgado a María Bernarda Pabón Rosero, protagonista de una historia marcada por la persecución estatal en los años 80. Su contribución en la creación del Centro Cultural Comunitario Las Colinas en Cali logró transformar este espacio en refugio y motor de dignidad y derechos para la niñez y comunidades desplazadas.
La gala incluyó también un emotivo tributo “In memoriam” a Gustavo Gallón, el padre Javier Giraldo y María Ovidia Palechor, recordando su legado en la defensa de los más vulnerables y su lucha incansable en organizaciones como la Comisión Colombiana de Juristas y el Consejo Regional Indígena del Cauca. De acuerdo con los organizadores, estos nombres simbolizan la persistencia y el compromiso con la justicia, la verdad y el poder de la memoria en Colombia.
Durante la ceremonia, la Defensora del Pueblo, Iris Marín Ortiz, subrayó la importancia de estos reconocimientos como espacios de construcción para la paz y la igualdad.
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¿Quiénes fueron los ganadores del Premio Nacional de Derechos Humanos en Colombia en 2023?
De acuerdo con la información presentada, el Premio Nacional de Derechos Humanos en Colombia reconoció en 2023 a Yuly Andrea Velásquez como defensora del año, a las Mujeres del Consejo Regional Indígena del Cauca por experiencia colectiva, a la Corporación Jurídica Libertad como organización social destacada y otorgó el galardón 'A Toda una Vida' a María Bernarda Pabón Rosero.
¿Qué implica el reconocimiento “In memoriam” en el Premio Nacional de Derechos Humanos?
El reconocimiento “In memoriam” no constituye una categoría del premio principal, sino que, según los organizadores, es un homenaje que se materializa en la memoria y el afecto colectivo, destinado a honrar el legado y la vida de defensores y defensoras de derechos humanos que han fallecido, subrayando su valor como referentes en la lucha por la justicia y la memoria para las comunidades afectadas por la guerra en Colombia.
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