Por: El Espectador

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Este artículo fue curado por pulzo   Mar 24, 2026 - 6:04 pm
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Mientras los trabajos a bordo del galeón San José eran reservados para hombres —ya fueran tripulantes, artilleros o soldados—, las mujeres quedaban apartadas de la vida marina por normas sociales y legales de la época. Sin embargo, la historia del navío no puede entenderse sólo como masculina. Un caso notable es el de Luisa Manuela de Carmona, una española nacida a fines del siglo XVII en una familia acomodada del Puerto de Santa María, en la bahía de Cádiz. Gracias a la red de propiedades administrada por su madre y tías, y el éxito comercial de su tío Antonio de Carmona en México, Luisa Manuela recibió desde joven una herencia suficiente para asegurar su estabilidad económica, anclando así su destino personal y familiar tanto en la península Ibérica como en tierras americanas.

El matrimonio entre Luisa Manuela y Diego Antonio de la Rosa fortaleció su posición financiera. Ambos adquirieron casas en 1689 que les reportaron importantes ingresos a través del alquiler. Sin embargo, España atravesaba en ese momento grandes dificultades económicas: la crisis generada al final del reinado de Carlos II y el estallido de la Guerra de Sucesión Española entre 1701 y 1714 resultó en una inflación significativa, puesta en jaque la seguridad de los ingresos provenientes de sus propiedades.

Ante ese panorama, y en busca de nuevos horizontes comerciales, Luisa Manuela persuadió a su esposo para que se uniera en 1706 a la tripulación del San José como artillero. El objetivo principal no era el salario —en realidad insignificante en comparación con su fortuna familiar, ya que un artillero ganaba seis ducados al mes mientras sus propiedades sumaban 1510 ducados—, sino la oportunidad de llegar a Cartagena y explorar nuevos vínculos comerciales en el Caribe. No obstante, este plan terminaría abruptamente: tras arribar a América, Diego Antonio enfermó y falleció pocos meses después en Cartagena, víctima de una afección desconocida por los europeos, sumiendo a su familia en la incertidumbre y el dolor por su súbita ausencia.

Durante años, la noticia de la muerte de Diego Antonio no llegó a sus seres queridos. Un documento de 1710 muestra que, incluso tres años después del deceso, Luisa Manuela lo consideraba “ausente en los reinos de las Indias”. Para 1714, ante la pérdida irreparable, ella y otras familias afectadas contrataron abogados para exigir el pago de los sueldos que la armada debía a quienes murieron en el San José, búsqueda que tuvo tanto sentido de justicia como de cuidado del honor familiar.

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Pese a esta tragedia, Luisa Manuela mantuvo su prestigio en el Puerto de Santa María, realizando nuevas inversiones, como la compra de tierras y viñedos en la década de 1720. Su hija Rosalía, además, pudo consolidar su matrimonio gracias al apoyo económico del tío Antonio desde México, confirmando la importancia de los lazos familiares y comerciales entre Europa y América. Este tejido de relaciones muestra cómo vidas aparentemente separadas por un océano resultaban profundamente interconectadas, y cómo el destino de un marinero podía impactar tanto en las costas americanas como en hogares andaluces.

El Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH) continúa investigando la historia del galeón San José, reconociendo que comprender a quienes estuvieron ligados a esta nave es fundamental para conocer mejor la historia de Colombia y el Atlántico. Historias como la de Luisa Manuela de Carmona evidencian que el intercambio marítimo fue mucho más que comercio: fue la unión de vidas, expectativas y tragedias a ambos lados del océano.

¿Qué papel jugaban las mujeres en las historias de la navegación y el comercio, aun cuando no participaban directamente en las travesías?
La pregunta surge al observar cómo las mujeres, aunque ausentes en las labores de marinería por las restricciones sociales y legales, asumían funciones determinantes en la estabilidad y proyección de sus familias. En el caso referido, Luisa Manuela de Carmona no sólo gestionó la economía familiar, sino que también tomó decisiones que influyeron en la movilidad social, el destino económico y la defensa de los intereses de su casa tras la muerte de su marido. Esta situación es relevante para comprender la dimensión social de la navegación en la época colonial. Indagar sobre el papel de las mujeres en relación a los viajes marítimos (incluso desde tierra firme) permite ampliar la mirada sobre cómo se articulaban las experiencias, los riesgos y los recursos entre ambos lados del Atlántico, más allá de los protagonistas habituales de la historia naval.


* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.

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