RCN Radio contó la historia de Daniel, que lleva 15 años viviendo como guarda de seguridad en los lugares que albergan la muerte: los cementerios.

Actualmente, trabaja en el Central de Bogotá, por la calle 26, y en su turno de 12 horas en la jornada nocturna ve muchas cosas que a muchos no les gustaría presenciar.

Una de las más predecibles (por el lugar de su trabajo) es la de tener que avistar cosas extrañas. Por ejemplo, ha visto a una mujer entaconada caminar por las zonas del cementerio, oye a niños jugando y tocando maracas, y hasta habló con una persona que bajó del cielo, según contó a la emisora.

Otra difícil tarea que tiene es la de espantar a los ladrones que pretenden robar lápidas, floreros, tierra e incluso restos humanos para cometer todo tipo de brujería.

“Aquí varias veces hemos encontrado tipos que destapan las tumbas para robarse los huesos y hacer brujería, son medio locos. Uno no entiende para qué se los quieren llevar”, dijo al medio.

Daniel aseguró que él y sus compañeros  no son los únicos que pueden sentir y ver estos acontecimientos. Para él, los perros que los acompañan en sus labores también viven estas historias.

“Los perros varias veces han visto fantasmas. En las cámaras se ve cuando ellos corren detrás de los espantos y cuando se van acercando quedan privados”, mencionó a RCN.

Para blindarse de cualquier mal, cuando inicia su turno, este hombre habla con dios diariamente y así logra su compañía y protección infalibe, según dijo en su entrevista.

El cementerio Central es el más antiguo de Bogotá y fue construido durante la presidencia de Francisco de Paula Santander (año 1832 aproximadamente), contextualizó la Alcaldía de Bogotá.

El Distrito afirmó que en este lugar los lunes se evidencian rituales de “intercambio de favores” con algunos de quienes reposan allí, pues es el día considerado como el de las benditas almas de los difuntos.