Escrito por:  Redacción Nación
Ene 21, 2026 - 1:11 pm

Mientras el estadio General Santander celebraba, el pasado 19 de enero, el regreso del Cúcuta Deportivo a la primera división del fútbol colombiano, fuera del escenario deportivo se vivía una escena marcada por el dolor y la violencia. La fiesta rojinegra quedó opacada por el asesinato de Diego Andrés Galvis Rozo, considerado por la hinchada como el mejor ‘repique’ de Colombia y una de las figuras más emblemáticas de la barra popular del club.

Dentro de la barra, su nombre era reconocido con respeto y admiración; muchos lo describían como “el alma de la banda”, un alma que fue apagada a bala en la antesala de uno de los días más esperados por la afición rojinegra.

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La última vez que fue visto con vida, Diego lideraba un ensayo musical junto a otros integrantes de La Murga, el grupo instrumental de la barra, preparando el ambiente para el regreso del equipo a la A tras más de cinco años de ausencia. El lugar, ubicado en el costado sur del estadio, no daba señales de lo que estaba por ocurrir.

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Según se conoció, en la noche del domingo un hombre armado llegó de manera repentina y abrió fuego contra Galvis, quien recibió al menos cuatro impactos de bala. Su cuerpo quedó tendido en el suelo, a pocos metros de un mural dedicado a su hermano Zacarías Galvis, fallecido años atrás y también recordado integrante de la barra. Su camiseta blanca terminó manchada de sangre, el mismo rojo que siempre defendió desde la tribuna.

Además del asesinato de Diego Galvis, el ataque dejó tres personas heridas. Entre ellas se encuentra Emerson Vega, patrullero de la Policía de Norte de Santander que se encontraba de permiso y es aficionado del equipo; su lesión no fue de gravedad. También resultaron lesionados Miguel Mendoza y una menor de edad, quien sufrió una herida en la cabeza, aunque se encuentra fuera de peligro. Todos fueron trasladados a centros asistenciales para recibir atención médica.

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La ausencia de Diego se sintió dentro del estadio. Los cánticos no sonaron igual y el ritmo que durante años marcó la tribuna sur quedó en silencio. En redes sociales, los mensajes de despedida se multiplicaron, recordando no solo su talento, sino su compromiso con el equipo y su presencia en escenarios nacionales, incluso acompañando a la selección Colombia en partidos disputados en Barranquilla.

“Ahora los hermanos Galvis Rozo alientan desde la tribuna más alta”, escribió un hincha, en referencia a Diego y Zacarías, unidos ahora por la memoria y el dolor. Su muerte se suma a una cadena de episodios violentos que siguen golpeando a una de las expresiones culturales más representativas del fútbol en Cúcuta, dejando en evidencia que, una vez más, la pasión terminó convertida en luto.

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