Una nueva denuncia volvió a encender las alarmas por la modalidad delictiva conocida como ‘paseo millonario’ en la capital del país. Diana Lorena Ospina Guevara, diseñadora de modas, fue abandonada hacia las 10 de la noche del lunes en un paraje solitario de la vía que conduce de Bogotá a Choachí, tras permanecer desaparecida durante 40 horas.
De acuerdo con la investigación revelada por El Tiempo, la mujer había salido en la madrugada del domingo de la discoteca Theatron, en el norte de la ciudad. La última imagen captada por una cámara de seguridad muestra el momento en que se despide de una amiga y aborda un taxi de placas ESN 170.
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Aunque envió un audio en el que aseguraba que llegaría a su vivienda, ubicada en el barrio Santa María del Lago, en cinco minutos, otras grabaciones evidencian que dos hombres, que se movilizaban en otro taxi, se subieron al vehículo en el que ella viajaba y partieron con rumbo desconocido.
Según el diario, Ospina fue llevada inicialmente a una vivienda en Ciudad Montes, donde permaneció vendada y encapuchada mientras la presionaban para entregar información bancaria. Posteriormente, habría sido trasladada a otros inmuebles.
Las autoridades investigan si un hombre que contactó a una amiga de la víctima para exigir dinero a cambio de su liberación hace parte de la misma estructura criminal.
En su declaración ante la Fiscalía, la diseñadora aseguró que el conductor del taxi comenzó a hablar en clave por celular, contradiciendo la versión del joven de 20 años —identificado como Juan Pablo Gómez Cardozo—, quien afirmó ante el Gaula que también fue víctima y que actuó bajo amenazas.
La investigación periodística estableció que Gómez Cardozo registra antecedentes por hurto calificado y fue condenado en junio de 2024 a un año y ocho meses de prisión por ese delito. Además, ya había sido capturado en un caso en el que, junto a cómplices, apuñaló a un taxista para robarlo.
El vehículo que conducía tenía documentación vencida y no habría pasado filtros efectivos de verificación. Los taxis involucrados están afiliados a la empresa Transporte Línea SAS y pertenecen a un propietario de apellidos Ayala Santamaría, quien aseguró a la Fiscalía no estar vinculado al caso.
Las autoridades también indagan si algunas bandas han empezado a adquirir flotillas propias de taxis, dado lo lucrativo del delito.
El caso de Ospina se convirtió en el número 23 de los llamados ‘paseos millonarios’ registrados entre 2025 y 2026 en Bogotá, según cifras citadas por El Tiempo. En 2024 se reportaron cuatro casos ante la Policía, aunque se presume que hay más hechos no denunciados.
Esta modalidad ya había sido golpeada en 2013, cuando una banda fue extraditada a Estados Unidos tras el asesinato del agente de la DEA Terry Watson. Sin embargo, investigaciones recientes muestran que las estructuras criminales han mutado y continúan operando.
El Tiempo también documentó casos similares como el del profesor Neill Felipe Cubides, hallado calcinado en Usme tras tomar un taxi en enero pasado, y el del empresario griego Miltiadis Konstantinopoulos, atacado bajo la misma modalidad.
Incluso en Cartagena se han reportado secuestros similares contra extranjeros contactados a través de aplicaciones de citas, en un caso que terminó con el asesinato del ciudadano ruso Dmitry Zimin.
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Oficiales consultados por el diario señalaron que muchos implicados son procesados únicamente por hurto, lo que les permite acceder a beneficios judiciales y recuperar la libertad rápidamente. Por ello, se estudia que estos casos sean tipificados como secuestro extorsivo, delito que contempla penas de hasta 40 años de prisión.
El alcalde de Bogotá, Carlos Fernando Galán, confirmó que sostuvo una reunión con la fiscal general Luz Adriana Camargo y con la Policía Metropolitana para abordar la seguridad en la ciudad, donde este tipo de secuestros figura entre las principales preocupaciones.
Mientras avanzan las investigaciones, el caso de Diana Ospina vuelve a poner bajo la lupa los controles sobre el transporte público individual y la capacidad de las autoridades para frenar una modalidad que, pese a los golpes judiciales, no desaparece.
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