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La visita de Juan Sebastián Betancur a Valledupar en 2005, siendo entonces presidente de la Fundación ProAntioquia, representa un punto de inflexión en el análisis del desarrollo regional del Cesar. Durante su estadía, Betancur compartió la experiencia de Antioquia en la construcción de un modelo de articulación entre los sectores público, privado y académico. Según información del diario EL PILÓN y testimonios recogidos en ese momento, Betancur no solo elogió el potencial humano y de recursos del Cesar, sino que dejó en claro la urgencia de forjar una estrategia colectiva. Resaltó que el principal desafío para la región era la ausencia de un pacto social, que integrara esfuerzos y evitara la dispersión de iniciativas independientes al establecer reglas claras para todos los actores involucrados.
Durante el encuentro con más de 75 representantes gremiales, empresariales y académicos, Betancur enfatizó la importancia de cooperar bajo metas compartidas y crear clústeres estratégicos, es decir, agrupaciones de empresas e instituciones que colaboren para fortalecer la competitividad. Además, subrayó el papel de la educación y la cultura en la generación de capital humano y la construcción de identidad regional, así como la urgencia de retener talento local, un desafío recurrente en muchas regiones del país, como lo documenta el Banco Mundial en su informe sobre migración interna en Colombia (2021).
Betancur planteó también la necesidad de fortalecer la responsabilidad social empresarial, citando como ejemplo al Hospital Universitario San Vicente de Paúl en Medellín. Allí, la rentabilidad se conjuga con el desarrollo social y la eficiencia, producto de la tercerización de servicios y la focalización en competencias propias, de modo que la gestión público-privada logra multiplicar el impacto regional y social.
A pesar de tales recomendaciones y el nacimiento de instancias como el Consejo de Competitividad Regional y el Comité Intergremial, el Cesar no ha alcanzado el nivel de cohesión y fuerza institucional logrado por ProAntioquia. De acuerdo con Dickson Quiroz, exdirector de EL PILÓN y moderador de aquel conversatorio, la dirigencia local se muestra hoy más fragmentada y poco comprometida, lo que ha desembocado en un ambiente gremial debilitado e incluso desmotivado, sin la consolidación de una visión a largo plazo.




Este fenómeno, como evidencian investigaciones del Banco Interamericano de Desarrollo (2023), no es exclusivo de la región del Cesar. En muchos territorios de América Latina, la fragmentación y la carencia de metas compartidas obstaculizan tanto la innovación como la competitividad, mientras que la falta de una entidad fuerte con poder de convocatoria y ejecución impide articular esfuerzos. Así, la experiencia del Cesar ilustra con claridad las consecuencias de no lograr unificar la acción gremial, institucional y social en torno a proyectos colectivos.
Existen sin embargo alternativas recientes, como el Comité Universidad – Empresa – Estado (CUEES), que busca articular actores en torno a agendas concretas —por ejemplo, en sectores agroindustriales— mediante alianzas técnicas que, aunque han facilitado el intercambio de conocimientos, carecen de la estructura para promover inversiones de gran escala. Así, permanece la necesidad de construir plataformas con capacidad ejecutiva y recursos que fomenten el desarrollo territorial efectivo.
La figura de Juan Sebastián Betancur, fallecido en 2023, adquiere hoy un valor simbólico en esta discusión, pues su legado en Antioquia resalta el papel transformador de un liderazgo comprometido con la inclusión y la colaboración multisectorial. El reconocimiento de líderes como Alonso Salazar, exalcalde de Medellín, pone de relieve la importancia de contar con líderes de visión social e integradora en territorios con potencial, pero carentes de cohesión suficiente.
Frente a estos retos, queda claro que la apuesta por una nueva organización con fuerza local, liderazgo activo, reglas claras y objetivos comunes podría revertir el círculo vicioso de fragmentación en el Cesar. Como concluyen análisis de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL, 2022), solo la conformación de espacios estables de diálogo y ejecución permitirá posicionar a la región como protagonista en el desarrollo económico de Colombia.
Preguntas frecuentes relacionadas
¿Por qué es importante la construcción de clústeres estratégicos regionales?
El concepto de clústeres, impulsado por expertos en desarrollo regional, hace referencia a la agrupación de empresas e instituciones de un mismo sector o sectores complementarios, ubicados en una región específica, que colaboran tanto entre sí como con entidades públicas y académicas. En el caso del Cesar, la recomendación de formar clústeres estratégicos responde a la necesidad de fortalecer la competitividad regional a partir de la cooperación, innovación y aprovechamiento eficiente de recursos.
La experiencia de Antioquia, recogida por Juan Sebastián Betancur, demuestra que donde existen clústeres bien organizados, es más fácil acceder a mercados, mejorar la calidad de los productos y servicios y crear empleo calificado. Además, esto contribuye a la creación de cadenas de valor sólidas y fomenta el desarrollo sostenible, metas que siguen vigentes en regiones con potencial no del todo aprovechado.
¿Qué papel desempeñan las alianzas público-privadas en el desarrollo territorial?
Las alianzas entre el sector público y el privado son esenciales para dinamizar el crecimiento económico y social de las regiones, ya que permiten compartir riesgos, aprovechar capacidades complementarias y alinear intereses hacia objetivos comunes. Modelos exitosos como el Hospital Universitario San Vicente de Paúl muestran cómo estas alianzas pueden enfocarse en la rentabilidad sin perder de vista la responsabilidad social y el impacto en el bienestar colectivo.
En el contexto del Cesar, el fortalecimiento de tales alianzas ha sido un desafío recurrente. La creación de proyectos conjuntos y el diseño de agendas institucionales compartidas representan la oportunidad más concreta para superar la fragmentación y construir una base sólida para el desarrollo. De acuerdo con la CEPAL, las regiones que han logrado organizar alianzas estables y eficientes se destacan por una mayor competitividad y mejores indicadores de calidad de vida para su población.
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