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Más de quince años tuvieron que esperar dos familias del Tolima, oriundas de los municipios de Honda y Flandes, para encontrar una respuesta definitiva al drama de la desaparición forzada de dos de sus integrantes: Daniel y Santiago. Estos jóvenes fueron víctimas del conflicto armado y sus casos se suman a los miles de historias silenciadas por años en Colombia. La recuperación e identificación de sus cuerpos fue posible gracias a la labor de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD) y el Instituto Nacional de Medicina Legal, organismos que vienen desarrollando esfuerzos para esclarecer la suerte de quienes, durante años, permanecieron en el anonimato de los cementerios del país.
De acuerdo con lo documentado, las intervenciones se realizaron bajo medidas cautelares decretadas por la JEP en cementerios señalados como puntos de interés forense. Esto permitió salvaguardar restos que podrían pertenecer a personas desaparecidas y avanzar en su identificación. Tal procedimiento ha resultado fundamental para dar respuestas a familiares que han lidiado por años con la incertidumbre, al tiempo que fortalece acciones de memoria y reparación.
El caso de Santiago ilustra la magnitud de la tragedia: desaparecido en 2009, cuando tenía 17 años, en Honda, este joven fue catalogado como víctima de desaparición forzada bajo el modus operandi criminal conocido como “falsos positivos”. Según la información, mientras su familia centró la búsqueda en las aguas del río Gualí, el cuerpo de Santiago fue finalmente hallado a más de cien kilómetros, sepultado en el cementerio Juan María Vianney de Puerto Triunfo, en Antioquia. Luego de un proceso técnico y forense, la identidad de Santiago pudo ser confirmada y sus restos entregados para una despedida acorde a las tradiciones de su círculo más cercano.
Daniel, por su parte, desapareció en 2011 durante los festejos de Girardot. Su madre encabezó una búsqueda incansable que tuvo frutos solo después de una década, tras la identificación de sus restos en el Cementerio Católico Central de La Dorada, en el departamento de Caldas. El análisis genético y un rasgo anatómico particular —un paladar hendido— permitieron confirmar su identidad, cerrando un ciclo de angustia e impotencia que marcó a la familia.
Según cifras oficiales, estos procesos hacen parte de un esfuerzo nacional en el que, hasta el momento, se han exhumado 2.100 restos humanos y se identificaron al menos 251 cuerpos. Para las familias, recuperar a sus seres queridos ofrece posibilidades de duelo, justicia y reconstrucción de la memoria.
Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.
¿Cómo lograron identificar los cuerpos de personas desaparecidas en el conflicto armado?
La identificación de los cuerpos se realizó mediante procedimientos técnicos y científicos, como análisis genéticos y la verificación de características físicas distintivas. Instituciones como la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD) y el Instituto Nacional de Medicina Legal aplicaron estas metodologías en cementerios seleccionados bajo medidas cautelares, permitiendo así ubicar y devolver los restos a sus familiares.
¿Qué significa el patrón criminal de “falsos positivos” en Colombia?
El término “falsos positivos” se refiere a un patrón de crímenes en el conflicto armado colombiano donde civiles eran asesinados y presentados falsamente como bajas en combate, con el fin de mostrar resultados a las autoridades. Santiago fue una de las víctimas de este tipo de práctica, lo que dificultó su ubicación y aumentó el dolor para su familia.
* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.
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