Palacios dedica su columna de este jueves en el diario bogotano a comentar el concierto del domingo pasado en Bogotá, pero deja su última glosa para hablarle a Alejandro Riaño, que le ha dado vida al personaje ‘Juanpis González’.

“Dice Riaño […] que salió al concierto-protesta del domingo porque ‘en este país no hay garantías de nada’”, repasa Palacios, y enseguida hace el planteamiento más duro.

“¿De verdad cree [Riaño] que si en este país no hubiera garantías de nada, él podría ponerse de ruana a todo el mundo con las entrevistas que hace y lucrarse de eso?”, les pregunta Palacios a sus lectores; y a Riaño: “¿Te volviste populista, weon?”.

Con esto, Palacios pone en tela de juicio la verdadera intención de Riaño con su personaje. Es decir, si se trata efectivamente de una expresión de crítica política seria, de humor que refleja con ironía y sarcasmo las actuales condiciones del país, o si es un producto de mercadeo que le deja réditos a su creador antes que reflexiones a los colombianos.

Unas líneas más arriba en su columna, Palacios, sin mencionar a Riaño, escribe algo que da contexto, casi como abrebocas, a la crítica que le hace al humorista. “Tengo la percepción de que se ha devaluado el significado de la palabra ‘esfuerzo’, ese que cada individuo se debe como persona y como miembro de la ciudadanía. Es decir, veo mucha gente con ganas de vivir bueno sin trabajar adecuadamente para procurarse ese bienestar. […] Me preocupa que estemos en una era en la que muchos creen que merecen por el solo hecho de existir. La relación Estado-ciudadanía debe ser bidireccional en derechos y deberes”.

Claro que hay otros que son más indulgentes con Riaño, como Diego Santos, para quien ‘Juanpis González’ es el personaje del año. “Así muchos no compartamos el activismo de Riaño, es innegable que ha trazado un camino del que deberíamos aprender. Juanpis es un gran activo de este país”, escribe Santos en La República.

Santos, además, considera que en “apenas un año y medio, Riaño nos ha ofrecido un doctorado de comunicación política y estratégica en lo que llamamos los nuevos medios. Quizás la relevancia del personaje se diluya entre tanto ‘weón’ y ‘hey, hey, hey, mis Juanpilivers’, pero nada más desacertado que caer en esa simplista valoración”.

Sin embargo, este columnista no destaca al humorista y su personaje por el impacto social que pudiera tener entre la ciudadanía, o por su capacidad de influir en un sentido o en otro para formar opinión pública, sino por lo que representa en redes sociales. En ese sentido, aunque publicó su columna en el diario económico un día antes que la de Palacios en El Tiempo, le da de alguna manera la razón a ella.

“El rolo-gomelo es todo lo que los medios tradicionales, en medio de su crisis, han buscado y no han podido encontrar: un formato periodístico innovador, para audiencias jóvenes y monetizable. Sobre todo esto último”, sigue Santos en su columna. “El contenido de Riaño con su personaje es sencillamente genial, pero sería una torpeza creer que solo esto ha sido la clave de su éxito. El comediante y su equipo de trabajo entendieron la filosofía y característica de cada red social. Comprendieron, además, la importancia de una estrategia de distribución orgánica eficaz, y supieron leer muy bien las coyunturas informativas. Hoy, el buen contenido ya no es suficiente para garantizar el éxito”.

Precisamente, en esa clave de rentabilidad, Santos destaca, entre otros, estos aspectos del humorista y su personaje: “El universo de Juanpis ha trascendido, además, lo digital. Su obra de teatro, que es una especie de late-night show, se llena función tras función. No hay personaje nacional que hoy no quiera sentarse con él, sea de izquierda, de derecha o tibio; o bien sea una estrella internacional, nacional o regional. Si hoy se quiere llegar a la gente joven, de todos los estratos, de todo el país, hay que sentarse con Juanpis”.