Escrito por:  Redacción Bogotá
May 25, 2026 - 12:10 am

Ya pasaron 10 años de la recordada intervención del Bronx, una de las ollas de microtráfico más tenebrosas que han existido en Bogotá. Ubicada en el corazón de la capital, a pocas calles de la Casa de Nariño, estas cuadras escondieron el horror, desolación, miseria y muerte de cientos de personas.

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Una de esas fue Alexander López, quien por su condición de drogadicción cayó en la infame cuadra de la ‘L’. En una charla con Noticias RCN, este ciudadano contó de primera mano cómo era aquel infierno en el que hombres, mujeres y hasta menores de edad entraban y del que muchos no volvían a salir

“Siempre que entré a este lugar durante los años que permanecí era de afán, venía con las ganas de consumir”, contó López en un melancólico regreso a aquellas calles que actualmente están intervenidas.

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Ahora con una vida lejos de las calles y el consumo, este hombre siempre dijo que estaba al filo de la navaja, porque hablar o guardar silencio podía ser su sentencia de muerte. Y, de hecho, la vio de cerca, cuando fue sometido a todo tipo de torturas. Contó para el noticiero citado que en una ocasión introdujeron su dedo en un tubo galvanizado y se lo partieron. Sin embargo, eso era solo la superficie de lo que sufrió.

“Cuando sacaron el tubo, ese dedo ya estaba como una morcilla; me lo rasgaron y se me empezó a deformar. En esa misma tortura me partieron los dedos del pie con un tacón y me quemaron los testículos y las piernas con ácido”, narró Alexander para RCN.

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Así fue la intervención del Bronx

Aquel 28 de mayo de 2016 se llevó a cabo un operativo sorpresa, en el que dos camiones bloquearon las entradas principales de la ‘L’ para que varios policías y miembros de antidisturbios accedieran a tomar el control del lugar. Habitantes de calle huían despavoridos, otros los confrontaban mientras que algunos solo se agachaban para no resultar heridos.

Mientras eso sucedía, Alexander López rememoró cuando en el lugar que dormía cayó una bomba aturdidora. Él y sus compañeros estaban completamente asustados y aturdidos, ya que el estallido no les permitía moverse y los oídos le zumbaban.

“Yo recuerdo que lo que hice fue tratar de recoger unas monedas que tenía en la máquina, me puse las manos en los oídos y me agaché. De inmediato bajaron las rejas, cuando empezaron los rompepuertas [policías con arietes] a darles a todas las rejas: ‘Abran, hij… abran’. La dueña del lugar gritó: ‘Tranquilos, aquí no pasa nada. Ya abrimos’. Abrieron rejas y esto estaba colmando de policías”, añadió López para RCN.

Finalmente, las calles y edificaciones del lugar fueron despejadas para destapar la olla de microtráfico más escalofriante, sumado a centros de tortura y de explotación de mujeres y menores de edad. Ahora, aquella calle del Bronx se ha reinventado para ser un espacio cultural, pero aún quedan las preguntas de qué pasó con las personas que nunca salieron de allí.

“Fue la humillación más grande que yo viví en la calle y yo no podía explicar cómo me condicionaba todo eso, cómo yo, después de haber tenido la vida que había tenido, llegaba a las tres de la mañana una bolsa de basura y sacaba un pedazo de pan porque el hambre no me dejaba”, finalizó Alexander López en RCN.

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