Por: El Espectador

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Este artículo fue curado por pulzo   Sep 19, 2026 - 1:05 pm
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En Bogotá, la fauna urbana va mucho más allá de las mascotas domésticas o los animales comúnmente avistados en las calles, como palomas y copetones. Si bien estos pájaros son regulares entre parques y plazas, y especies como abejas, colibríes, ratas o ratones tampoco son ajenas a la cotidianidad capitalina, la ciudad acoge una biodiversidad más variada y en muchos casos desconocida para buena parte de los habitantes. De hecho, los ecosistemas que rodean y atraviesan la capital —humedales, cerros orientales, páramos y bosques— son refugio de animales tan emblemáticos como el oso andino o la tingua azul, ambos símbolos de resiliencia ambiental en Bogotá, aunque otros, como los cucarrones, han disminuido considerablemente su presencia.

Entre los mamíferos no tan visibles destaca la comadreja cola larga (Ustela frenata). Este animal se desplaza entre madrigueras, cuevas y árboles de los humedales y cerros orientales de la ciudad, desempeñando un importante rol como carnívoro dentro del equilibrio ecológico. De acuerdo con la información citada, la comadreja es un animal ágil y solitario, cuya principal amenaza hoy proviene de la pérdida de hábitat ocasionada por la expansión urbana y otras dinámicas humanas.

Los humedales y cuerpos de agua urbana también son vitales para el ciclo de vida de la rana sabanera (Dendropsophus molitor), un anfibio de cinco centímetros en promedio, que consume insectos e invertebrados pequeños. Su presencia es más común en época de lluvias, pero enfrenta severos riesgos por la contaminación de su entorno, la introducción de especies foráneas y la propagación de hongos, según información relevada por El Espectador.

En los ecosistemas de montaña próximos a la ciudad, el venado cola blanca (Odocoileus virginianus) se abre paso entre vegetación de páramos y bosques altos. Este mamífero de cola corta y patas largas suele ser bastante receloso, lo que dificulta su observación en estado silvestre. Come principalmente pastos y hierbas, y los machos pueden alcanzar hasta dos metros de longitud.

Entre las aves, la tingua azul (Porphyrio martinica) resalta como especie migratoria que arriba a Bogotá de octubre a abril. Es símbolo de los humedales locales por su función como dispersora de semillas y controladora de pequeños vertebrados. No obstante, sufre amenazas por la urbanización, el ataque de animales domésticos y los choques contra ventanales.

Finalmente, la mirla patinaranja (Turdus fuscater), de hasta 32 cm, es una especie nativa de los Andes y muy adaptada a entornos urbanos. Se alimenta de frutas e insectos, y su principal peligro radica en perros, gatos y la confusión con otras especies como el chamón, el cual deposita huevos en nidos ajenos.

Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.

¿Qué animales poco conocidos habitan en Bogotá además de las mascotas tradicionales?

En Bogotá, además de los animales domésticos y comunes como palomas y copetones, existen especies poco conocidas como la comadreja cola larga, la rana sabanera, el venado cola blanca, la tingua azul y la mirla patinaranja. Estas especies habitan en zonas como humedales, cerros orientales y páramos, enfrentando desafíos asociados a la urbanización y la pérdida de sus hábitats naturales.

¿Por qué la rana sabanera y la tingua azul están amenazadas en Bogotá?

La rana sabanera está amenazada principalmente por la contaminación del agua, la introducción de especies externas y la proliferación de hongos. Por su parte, la tingua azul enfrenta riesgos debido a la pérdida de hábitat, la presencia de animales domésticos y los accidentes con ventanales, factores que comprometen su permanencia en los ecosistemas bogotanos.


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