Lo que comenzó como una angustiante búsqueda de 16 días por todo el país terminó en un escenario que ha dejado desconcertadas a las autoridades en Bogotá. David Acosta, el ingeniero de petróleos de 27 años que supuestamente había sido víctima de un “paseo millonario” y un secuestro transnacional, apareció sano y salvo. Sin embargo, lo que realmente ha producido una ola de críticas y sospechas no es su regreso, sino la extraña petición que su familia le hizo a la Policía Nacional apenas el joven volvió a casa.
La historia oficial que Acosta le entregó a sus allegados parecía sacada de una película de acción. Según su relato, tras salir de un casino en la Zona T el pasado 28 de febrero, fue abordado por sujetos armados que lo obligaron a subir a una camioneta. Aseguró que lo trasladaron contra su voluntad hasta el Urabá antioqueño y que, tras una heroica huida, terminó refugiado en La Guajira, según informó El Tiempo.
No obstante, la investigación de la sección Bogotá de El Tiempo y el rastreo de cámaras de seguridad cuentan una versión radicalmente distinta. El joven fue captado apostando durante más de cuatro horas y saliendo de un segundo establecimiento de juegos de azar a las 3:51 a. m. del domingo primero de marzo, caminando por su propia cuenta hacia el occidente de la ciudad., de acuerdo con el impreso.
Justo cuando los investigadores estaban listos para judicializar el caso y dar con los supuestos captores, la familia de Acosta dio un giro de 180 grados. En un contacto con el uniformado encargado de la búsqueda, los parientes del ingeniero hicieron una solicitud que las autoridades calificaron como sospechosa: pidieron que no se dijera nada más al respecto, que se guardara total silencio y que se diera por cerrado el episodio de inmediato, según indicó el rotativo.
Este “frenazo” a la justicia nacional ha despertado alarmas, pues todo apunta a que la desaparición fue en realidad una cortina de humo. Según fuentes cercanas al caso, Acosta tenía una deuda millonaria que debía pagar esa misma noche, pero decidió apostar el dinero en el casino y lo perdió todo. Al verse acorralado por los acreedores y las supuestas deudas vinculadas a “pirámides”, el ingeniero habría optado por abandonar la ciudad de manera voluntaria.
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