La frase fue tatuada en la Defibrillator Gallery, en Chicago, a principios de esta semana frente a varios espectadores curiosos. Azcona ha protagonizado cerca de 500 presentaciones y 100 exhibiciones individuales a lo largo del mundo, informa The Huffington Post. Sobre su polémico tatuaje, dijo:
Siempre trabajé mi cuerpo como un arma y una herramienta política. […] Por más de 12 años he hecho ‘performances’ y exhibiciones políticos y sociales que me han acarreado ir a la cárcel y amenazas de detención y muerte”.
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Azcona explicó que la forma en que Trump está tratando a Estados Unidos es comparable a sus propias experiencias de abuso sexual cuando era niño, agrega Pink News. Además, comentó que cree en el empoderamiento del cuerpo e, incluso, del dolor. Y agregó:
El ano es una zona de placer para muchas personas y un área de pecado para otras. Creo que desmitificar lo que es el ano, y escribir un lema fascista como ese en el mío, es una acción subversiva y claramente crítica”.
El artista dijo que cualquier persona que sea discriminada o marginada por las acciones de la administración de Trump tiene la responsabilidad de hablar en la forma en que ellos consideren más conveniente.
Debemos atacar, debemos usar nuestro cuerpo como arma de empoderamiento. Somos maricones, mujeres, mexicanos, negros y diferentes. Y somos valientes. El arte es el arma social y política más grande que yo conozco, y si sabemos cómo usarla, entre todos terminaremos con el odio de Trump hacia esta nueva era”, dijo.
El resultado del polémico (y muy doloroso) tatuaje se puede ver en la cuenta de Twitter de Abel Azcona.
La llegada de Petro a la Casa Blanca
El presidente Gustavo Petro llegó este martes 3 de febrero en la Casa Blanca con un objetivo puntual: reiniciar la relación con Donald Trump y dejar atrás el clima de tensión que marcó los primeros meses del vínculo entre ambos gobiernos. Este fue el primer encuentro y posiblemente el único cara a cara entre los dos mandatarios. Cabe resaltar que la reunión se da tras una llamada telefónica inesperada el pasado 7 de enero, en la que acordaron verse en Washington. Desde entonces, tanto Petro como Trump han bajado el tono en público, conscientes de que una confrontación abierta no beneficia a ninguno.
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