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Este artículo fue curado por pulzo   Feb 9, 2026 - 8:36 am
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Por Alexandra Brangeon

Se llama Ibrahim y tiene 63 años. El día del ataque a El Fasher, el 26 de octubre de 2025, intentó huir de la ciudad como muchos otros habitantes. Fue capturado por las fuerzas paramilitares del general Hemedti y encarcelado junto con varios cientos de personas en el hospital pediátrico de la ciudad, convertido en centro de detención.

Cada día, él y sus compañeros de prisión eran obligados a cavar fosas comunes para enterrar los cadáveres que cubrían las calles. “Cada día, un equipo de 10, 20, a veces 50 personas, salía a enterrar los cuerpos. Los paramilitares nos daban grandes lonas en las que metíamos los cadáveres —vi cadáveres de niños y mujeres— y luego los cargábamos en camiones. Después había que descargar las bolsas y meterlas en una fosa. Luego, una excavadora venía a cubrir el agujero”, relata.

Ibrahim cuenta que enterraba hasta 400 personas al día. Había tantos cadáveres en las calles, añade, que a veces los paramilitares los atropellaban.

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Aún no hay un balance del ataque de El-Fasher

Los investigadores de la Universidad de Yale, que estudian las imágenes de satélite, estiman que el número de muertos asciende a varios miles. Cifras imposibles de verificar, ya que nadie ha podido acudir al lugar de forma independiente. Pero, según estos investigadores, los paramilitares querían deshacerse de los cadáveres en fosas comunes y eliminar todas las pruebas de las masacres.

En un informe, estos investigadores afirman haber catalogado más de 130 fosas comunes en la ciudad de El-Fasher y sus alrededores. Cuando se le pregunta por la ubicación de estas fosas, Ibrahim asegura recordar dónde se encuentran: “Cavábamos hoyos en un lugar a unos 500 metros al este de la prisión. Pero hay muchos más. Hay algunos a la salida de El Fasher, en la carretera que va hacia Garni. También hay algunos en el hospital de Unicef”.

Un largo viaje hasta Puerto Sudán

Después de 22 días, su calvario llegó a su fin. Su familia consiguió enviarle el equivalente a 10.000 dólares que exigían los paramilitares para su liberación.

“Los que no podían pagar o no pagaban lo suficientemente rápido eran asesinados, recuerda. Muchos detenidos también morían de deshidratación y diarrea, porque solo teníamos agua sucia para beber”, añade.

Una vez libre, Ibrahim emprendió un largo viaje hasta Puerto Sudán, al otro lado del país, para reunirse con su hermano. Cuando llegó, estaba muy débil y demacrado. Al relatar su detención, dice: “Era como una escena del juicio final”.

Decenas de testimonios evocan estas fosas comunes

Los voluntarios de una organización sudanesa, el Comité de Emergencia de Darfur, recopilaron el testimonio de Ibrahim. Se trata de una red de sudaneses de la diáspora que recauda dinero para financiar la ayuda humanitaria en Sudán, ejercer presión política, localizar a familiares perdidos y, más recientemente, recopilar testimonios de víctimas para elaborar expedientes y, algún día, llevarlos ante la justicia internacional.

Uno de estos voluntarios, Altahir Hashim, se encuentra en estos momentos en Sudán. Ha recopilado más de treinta testimonios de supervivientes de El-Fasher, algunos de los cuales confirman la existencia y la ubicación de estas fosas comunes.

“Todos cuentan la misma historia”, afirma. “Los paramilitares los obligaron a arrojar los cadáveres a fosas comunes”, registradas en una decena de lugares: el Hospital Saudita, Garni Gate, la prisión de Shalla, Melit Gate, el Hospital Infantil y el barrio de Daraja Oula…

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