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Escrito por:  Fredy Moreno
Editor jefe     Feb 3, 2026 - 7:04 am

El fondo, es decir, los temas que tratarán este martes los presidentes de Colombia, Gustavo Petro, y de Estados Unidos, Donald Trump, es lo importante. Así este lunes la canciller Rosa Villavicencio, queriendo relanzar el añorado liderazgo del mandatario colombiano en la región hubiera dicho que la visita es “muy importante” para América Latina, y de “importancia vital” para el hemisferio, los asuntos que se discutan no podrán apuntar a tanto. Van a ser puntuales y para abordarlos hay dos factores de forma que, en apariencia, son triviales, pero jugarán en contra del mandatario colombiano.

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Para empezar, como ocurre en la tradición diplomática, las agendas ya están definidas con anterioridad, por lo que la reunión entre los dos jefes de Estado resulta más bien un trámite protocolario. Ahí es donde aparece el primer factor contra el que tendrá que luchar el presidente Petro: el tiempo. La misma tradición señala que los mandatarios que van a la Casa Blanca a hablar con el presidente estadounidense no tardan más de una hora. Si se considera que las cuestiones que se van a tratar, y que son del interés de Trump, son la lucha contra las drogas (incluido el combate a los grupos armados en Colombia), la migración y Venezuela, el reloj será su principal enemigo de Petro.

Gustavo Petro deberá aprovechar escaso tiempo con Donald Trump

Por eso, resulta poco probable que, como lo ha manifestado en la Comisión Asesora de Relaciones Exteriores, el presidente Petro —muy dado a explayarse cuando habla— pueda darle a Trump su versión completa sobre cómo es el problema de la lucha contra el narcotráfico en Colombia. El hecho más fresco para mostrar y que habla por sí mismo será la extradición, este martes, de alias ‘Pipe Tuluá’. La Casa Blanca aseguró que el mandatario colombiano tendrá “plenas garantías” para su visita, pero eso no significa que disponga de todo el tiempo. De ahí que también le va a quedar difícil explicarle a Trump cómo es que las informaciones que tiene no son exactas.

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En su polémico discurso de la semana pasada en el Hospital San Juan de Dios, en Bogotá, el presidente Petro —solicitando la liberación del derrocado dictador Nicolás Maduro— hizo una alusión a las diferencias entre las civilizaciones de América Latina y anglosajona. Bien valdría que, en su encuentro con Trump, tuviera en cuenta que la brevedad en la cultura anglosajona prioriza la eficiencia, la inmediatez, la comunicación directa, clara, casi escueta, por lo que son comunes frases como Get to the point. We don’t have time (Ve al grano. No tenemos tiempo).

De hecho, los anglosajones entienden la brevedad como una muestra de respeto por el tiempo y la capacidad de comprensión del otro. Para ser breves, aplican reflexión a fondo, orden mental, y buscan con creatividad empaquetar conceptos completos en formatos mínimos, sin caer en el pernicioso escenario de simplificar excesivamente ni quedarse cortos de información. Su prioridad es elegir las palabras exactas para que el mensaje conserve su profundidad y, al mismo tiempo, termine siendo liviano y fácil de recordar.

Para que el encuentro sea efectivo y responda en algo a sus intereses, el presidente Petro deberá apelar a la sobriedad, en los términos en los que la expone Claudia Restrepo Montoya en una esclarecedora columna en El País, de España. Ella explica el concepto de sobriedad en el sentido de la medida, de saber “percibir cuánto es suficiente, dónde detenerse”; de la atención, “esa capacidad cada vez más frágil de demorarse, de no reaccionar de inmediato, de sostener la presencia sin dispersarse”, y de la precisión del lenguaje, “para decir lo necesario sin inflar las palabras, para expresar sin invadir, para cuidar la forma como parte del sentido”, aunque para el mandatario colombiano lo de las formas tampoco es algo importante.

Lo único que le quedará al presidente Petro como recurso será la síntesis, el orden, la concisión. En otras palabras, ser económico cuando tenga el uso de la palabra. Pero eso, como ya lo ha demostrado no solo en escenarios nacionales, sino internacionales, es algo que no se le da. Su manera de hablar se caracteriza por las digresiones o divagaciones discursivas, los circunloquios. Además, en la hora en que estará con el presidente Trump, el mandatario estadounidense también tendrá cosas que decir, lo cual le reducirá significativamente el tiempo a Petro. Esto, sin embargo, no será tan problemático como el segundo factor que irá en su contra, una verdadera barrera para la que necesitará ayuda de otros.

Dificultad para Gustavo Petro por no hablar inglés

Se trata del inglés. El presidente Petro, a diferencia de sus predecesores en este siglo —Iván Duque lo domina con fluidez, Juan Manuel Santos lo habla bien, Álvaro Uribe lo chapucea, al punto de que se llegó a decir que el suyo es un inglés paisa, y a Andrés Pastrana le sale natural— no domina ese idioma, lo que hará que, en sus intercambios con Trump, los dos necesiten de intermediarios, es decir, de traductores, ya sea para hablar o para entender lo que dice el otro. Imposible no considerar que esa dificultad no solo le quitará minutos al ya de por sí escaso tiempo, sino que ralentizará la misma comunicación. En esas mismas condiciones se dio la llamada telefónica previa entre los dos mandatarios.

Por no hablar inglés, lo de las traducciones ya lo padeció el presidente Petro, que tuvo uno serio traspié diplomático con Estados Unidos, en marzo del año pasado, con ocasión de la visita de la secretaria de Seguridad Nacional de ese país, Kristi Noem. Después de irse, ella aseguró que el mandatario dijo que “se malinterpreta a los miembros del ‘Tren de Aragua’, que, en realidad, solo eran personas que necesitaban más amor y comprensión”, y añadió que Petro había asegurado que algunos “miembros del cartel eran sus amigos”. Como si fuera poco, Noem definió su visita a Colombia como “polémica”, y se quejó de que la reunión con Petro, programada para media hora, duró una hora y media.

Petro respondió: “Yo qué tengo que ver con el ‘Tren de Aragua’ para defenderlo”, y preguntó: “¿qué palabra usó en inglés el traductor para entender que estoy defendiendo al ‘Tren de Aragua’?”. El mandatario pensó que Noem “no entendió exactamente” lo que él estaba diciendo. “Suele suceder por no aprender los idiomas. Yo no hablo inglés, error mío”, reconoció. Como solución para superar el percance, le pidió a su equipo que “publicara la grabación de la reunión” con Noem, pero, para completar, nadie la grabó.

El desconocimiento del inglés, en un encuentro tan crítico y trascendental como el de Petro con Trump para reparar la relación con Estados Unidos resulta una paradoja porque el mismo mandatario sentirá en carne propia la necesidad, tanto en el ámbito personal como en el de los diplomáticos, de hablarlo. Él señaló el año pasado lo mucho que le gustaría dominar ese idioma. “Me encantaría, en un discurso internacional, hacer un buen discurso en inglés, y no puedo”, dijo, pero agregó desde su perspectiva ideológica: “No me gusta el inglés como idioma oficial de los colegios. Nosotros somos colombianos; no somos gringos, ni aristócratas ingleses”.

Su desprecio por el inglés (pues se trata de una manifestación cultural del imperialismo) quedó claro asimismo con la decisión, a mediados del año pasado, de eliminar varios requisitos para ser embajador de Colombia en el exterior, especialmente el del dominio de ese idioma. “Cualquier hijo de obrero puede ser embajador”, dijo, pese a que antes se había comprometido a que esos cargos no serían para los amigos de la clase política y que buscaría profesionales más preparados. Es posible que este martes esas consideraciones confronten al presidente Petro, que deberá sortear las condiciones que le imponen el escaso tiempo y sus propias dificultades con el inglés.

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