Escrito por:  Redacción Mundo
Feb 3, 2026 - 7:04 am

El discurso del presidente colombiano Gustavo Petro en los últimos días ha marcado un punto de inflexión en las tensiones diplomáticas regionales, particularmente en relación con Venezuela y la administración de Donald Trump en Estados Unidos.

Petro ha pedido públicamente que Nicolás Maduro, capturado por fuerzas estadounidenses el 3 de enero, sea devuelto a Venezuela para ser juzgado por tribunales de su país, argumentando un principio de soberanía y justicia regional frente a lo que considera una intervención extranjera en los asuntos internos de una nación latinoamericana.

Esta postura reactiva un tono crítico hacia Trump y hacia el papel de Estados Unidos en la región, que hasta ahora se había mantenido relativamente moderado. Esta posición tiene implicaciones directas en la relación entre Colombia y Venezuela.

Por un lado, refuerza el acercamiento político y diplomático entre Bogotá y Caracas, consolidando a Colombia como uno de los principales aliados regionales del gobierno venezolano en un momento de alta presión internacional.

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Al insistir en que el juzgamiento de Maduro debe hacerse en Venezuela, Petro respalda la legitimidad institucional del Estado venezolano, lo que podría traducirse en una cooperación más estrecha en temas fronterizos, comerciales y migratorios.

Sin embargo, esta postura también genera cuestionamientos desde sectores de la oposición venezolana y de la comunidad internacional, que dudan de la independencia del sistema judicial venezolano y advierten sobre posibles retrocesos en materia de derechos humanos.

La reunión entre Petro y Trump del 3 de febrero se convierte así en un escenario clave para redefinir el papel de Colombia en la región. Más allá de las tensiones ideológicas, el encuentro obliga a ambos mandatarios a abordar asuntos estratégicos como la seguridad regional, el narcotráfico, la migración y la crisis venezolana.

Para Colombia, el desafío será mantener una relación funcional con Washington sin renunciar a su apuesta por una solución política y regional al conflicto venezolano. Petro buscará posicionar a Colombia como un actor autónomo, capaz de dialogar tanto con Estados Unidos como con Venezuela.

En este contexto, Colombia podría asumir un rol crucial como puente diplomático. Su cercanía con Caracas y su histórica relación con Washington le otorgan una posición privilegiada para promover mecanismos de diálogo y desescalamiento.

Si logra equilibrar estos intereses, Colombia podría pasar de ser un actor periférico a un mediador central en la agenda venezolana. La reunión con Trump, más que un gesto simbólico, representa una oportunidad para que Colombia redefina su liderazgo regional y su influencia en la construcción de una salida política a una de las crisis más complejas de América Latina.

¿Cómo será el futuro de la relación entre Colombia y Venezuela?

El futuro de la relación entre Colombia y Venezuela estará marcado por un equilibrio delicado entre afinidad política, pragmatismo económico y presiones internacionales. En el corto y mediano plazo, es previsible que ambos gobiernos mantengan un canal de diálogo constante, impulsado por la cercanía ideológica entre Gustavo Petro y el gobierno venezolano y por la necesidad de estabilidad en una frontera históricamente conflictiva.

La cooperación en temas de seguridad, control de grupos armados, migración y reapertura comercial seguirá siendo una prioridad para evitar nuevos focos de tensión en la región fronteriza.

En el plano económico, la relación tenderá a fortalecerse de manera gradual. El comercio binacional continuará recuperándose, especialmente en sectores como alimentos, energía y servicios, aunque con límites claros derivados de las sanciones internacionales que aún pesan sobre Venezuela y de la fragilidad de su economía.

Colombia apostará por una relación funcional que beneficie a sus regiones fronterizas sin comprometer su acceso a mercados y aliados estratégicos. No obstante, la relación también enfrentará desafíos. Colombia deberá manejar con cautela su respaldo político a Caracas para no deteriorar sus vínculos con Estados Unidos y la Unión Europea. Cualquier retroceso en materia democrática o de derechos humanos en Venezuela puede tensar nuevamente la relación.

En ese escenario, Colombia podría asumir un papel de mediador regional, promoviendo el diálogo y soluciones políticas antes que confrontaciones. El futuro de la relación dependerá, en última instancia, de la capacidad de ambos países para priorizar la estabilidad y el beneficio mutuo sobre las diferencias ideológicas.

La 'pasión' de Gustavo Petro

Iglesia católica rechaza declaraciones del presidente Gustavo Petro sobre Jesús y María Magdalena, al considerar que reinterpreta su vida de una manera equívoca.

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