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Escrito por:  Fredy Moreno
Editor jefe     Feb 3, 2026 - 6:14 am

Este martes 3 de febrero se verán cara a cara Donald Trump y Gustavo Petro. Uno, a punto de cumplir 80 años, es el mandatario de la primera potencia mundial; el otro, con 59 cumplidos, gobierna un país tercermundista. Uno quiere imponer un orden mundial privilegiando el concepto de seguridad nacional con una decidida influencia incluso militar sobre la región, mientras que el otro defiende el multilateralismo rechazando la idea de imperio. Trump es el exponente máximo del capitalismo, mientras que Petro integra la corriente del progresismo. Pero esas son apenas unas pocas de las asimetrías que caracterizarán esta reunión que tiene tantas posibilidades de salir bien, como de terminar mal.

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Si bien hay algo en lo que se parecen los dos jefes de Estado, eso, por desgracia, es precisamente lo que también puede hacer que su encuentro salte en pedazos: a los dos los hace prácticamente iguales su megalomanía y temperamento impredecible, explosivo, incluso irreflexivo e irascible. Eso fue lo que hizo que las relaciones entre los dos países llegaran a su punto más bajo en el último siglo. La incontinencia verbal de los dos y su manía de conducir las relaciones diplomáticas a través de las redes sociales y los micrófonos dejaron de este lado a Petro y a su familia sin visa y metido en la temida Lista Clinton, y a Colombia bajo amenaza no solo de una escalada arancelaria, sino aun de ataques militares.

Petro seguirá apuntando al contexto colombiano… y a elecciones

Eso es lo que el presidente Petro no ha querido (o no ha podido) ver, independiente de quién tenga la razón. En medio de las asimetrías que caracterizan la relación entre los dos países y los dos presidentes es difícil encontrar un escenario en el que el colombiano pueda salir airoso. Frente al frío, efectivo y ambicioso pragmatismo de Trump es muy poco lo que pueda conseguir el acartonado discurso revolucionario de Petro. Hasta ahora, su invitación a las tropas estadounidenses a desobedecer a su jefe supremo y su idea de que algunos países latinoamericanos conformen un ejército bolivariano no ha encontrado ningún eco.

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El antiimperialismo de Petro y sus ataques a Trump solo tienen alguna relevancia en el contexto colombiano, en donde, con miras a las elecciones legislativas y presidenciales de este año, resulta conveniente agitar a las bases progresistas con el discurso y los símbolos bolivarianos y de independencia y soberanía. El mandatario colombiano ha buscado sacarle réditos al retiro de su visa y su inclusión en la Lista Clinton mostrándose como víctima, un ropaje que le va bien ante la mirada de sus seguidores. De ahí que la cita de este martes, más allá de los temas de la agenda, tenga un contexto diferente sobre el cual hay que fijar la atención: Colombia está a punto de elegir presidente, y eso lo sabe bien Trump.

Es improbable que el mandatario estadounidense tenga oídos para el discurso que Petro ha intentado exponer en escenarios internacionales relativo al cambio climático (Trump no cree en eso), y menos el de rechazo a los combustibles fósiles (Trump decidió meterse a Venezuela y capturar a Nicolás Maduro por eso). Y es todavía menos probable que Trump escuche y ni siquiera acceda a la petición de Petro de liberar al derrocado dictador. “¡Bombardear a Caracas, la patria de Bolívar…! Eso no es un acto contra Maduro […]. Tienen que devolverlo y que lo juzgue un tribunal venezolano, no estadounidense”, gritó Petro hace una semana en Bogotá, pero no es factible que haga lo mismo, y en el mismo tono, en la Casa Blanca.

En el Foro Económico de América Latina y el Caribe, en Panamá, el presidente Petro adelantó algunos temas que le plantearía a Trump: “Vamos a hablar de libertad, a ver si el mensaje de Washington y de Bolívar se restablece y es la base de un pacto de las américas por la vida y la libertad. No queremos misiles sobre Caracas ni sobre ningún país de América, ni al norte ni al sur”, dijo, e insistió en lo de Maduro, pero en otro tono: “Yo no defiendo, como dice mi prensa, a Maduro. Digo es que tiene que ser juzgado por un tribunal o venezolano o americano de las tres américas, si construimos un tribunal de justicia de todas nuestras regiones contra el narcotráfico que, creo, se debe construir”.

Maduro y Venezuela sí serán, sin duda, un foco temático en el encuentro que solo servirá para enfatizar las asimetrías entre los dos presidentes. Trump estará con el ego todavía inflado al cumplirse un mes exacto del ataque de las fuerzas armadas de Estados Unidos a Caracas y la captura y extracción de Maduro, a quien Petro no deja de defender. Solo con esa carta, Trump expone su liderazgo mundial, que es real así sea impuesto por la menaza de las armas o de los aranceles, frente al imaginario liderazgo de Petro, que en la práctica está cada vez más solo, pues hoy Maduro está preso y Delcy Rodríguez acata órdenes, Miguel Díaz-Canel en Cuba está bajo amenaza y diciendo que quiere colaborar, Daniel Ortega en Nicaragua siente pasos de animal grande, Lula da Silva en Brasil se ha apartado y Claudia Sheinbaum en México hace esfuerzos por mantener una buena relación con Trump (ya le cortó el chorro de petróleo a Cuba).

Trump entregará a Petro exigencias y plazos no negociables

¿Quién impondrá las condiciones en esta reunión de final incierto? Después de la conversación telefónica que sostuvo con Trump el 7 de enero, el presidente Petro ha querido proyectar la imagen de que Trump lo buscó y, con aire de sobradez, cada vez que puede, relativiza el encuentro. “Yo no sé qué voy a hacer con Trump. Me aguantaré. Le voy a decir: ¿vino o wiski?”, dijo el mismo día que pidió devolver a Maduro. Pero la realidad con Trump es otra, y ya la advirtió el primer ministro de Canadá, en su célebre discurso en el Foro de Davos: el mundo no está en medio de una transición, sino de una ruptura. Cada vez es más evidente el uso impune del poder económico como poder político para un nuevo orden en el que manda el más fuerte y el más rico.

Por eso, quizá Trump, que es abstemio, no hable con Petro sobre alternativas entre bebidas alcohólicas, y más bien le plantee otro tipo de dicotomías que seguramente querrá resolver a favor de los intereses de Estados Unidos: “Petróleo o…”, “lucha eficaz contra el narcotráfico o…”, “guerra total al Eln o…”, “consolidación de la transición en Venezuela o…”. No son pocos los analistas que recuerdan el episodio en el que Trump y su vicepresidente J. D. Vance le hicieron hace ya casi un año una encerrona al presidente ucraniano Volodimir Zelensky, a quien calificaron, en directo por televisión, de “irrespetuoso” y “malagradecido”. Y le enrostraron que, de no ser por la ayuda estadounidense a Kiev, la guerra la habría ganado Rusia “en semanas”. Lo sacaron corriendo.

Los temperamentos de Trump y Petro, sus discrepancias ideológicas, los latentes agravios mutuos y los continuos reclamos del mandatario colombiano a favor de Maduro, enemigo declarado del presidente estadounidense, hacen temer por un escenario como el que han vivido Zelensky y otros jefes de Estado. Eso no les convendría a las maltrechas relaciones colombo-estadounidenses, pero sí a Petro. Un mal resultado del encuentro sería capitalizado por él, pues remarcaría su perfil de víctima del imperio. Regresará a Colombia a convocar manifestaciones en su defensa y por la soberanía nacional. Trump lo devolverá al país cargado de argumentos casi que diseñados para influir en las elecciones venideras.

Pero, por su carácter, al presidente estadounidense eso debe importarle poco. Ya encontrará correctivos para ajustar las pequeñas fallas que pueda ocasionar. Sea cual sea el resultado aparente del encuentro —que igual puede acabar con un preferible apretón de manos (también un gran logro para Petro)—, lo seguro es que, en privado, Trump habrá entregado una lista de exigencias y plazos no negociables sobre asuntos de alto valor estratégico para Estados Unidos. Eso no lo conocerá la opinión pública, que nunca accede al trasfondo de ese tipo de conversaciones. Con una carpeta bajo el brazo, Petro regresará a dar un parte de victoria a sus huestes en el tono y los términos que las entusiasman.

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