Este 3 de febrero de 2026 será un día crucial en las relaciones de Colombia con Estados Unidos. El presidente Gustavo Petro cruzará el umbral del Despacho Oval para reunirse con Donald Trump, en una visita oficial que ocurre bajo la sombra sísmica de un cambio de era: se cumple exactamente un mes desde la estrepitosa caída del régimen de Nicolás Maduro en Venezuela.
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La captura y salida del poder de Maduro en enero ha reconfigurado el tablero de ajedrez en América Latina, dejando a Petro en una posición de vulnerabilidad y, a la vez, de necesidad estratégica. Para Trump, quien apenas celebra sus primeras semanas de regreso en la Casa Blanca, la caída del heredero del chavismo es el trofeo que valida su doctrina de “presión máxima”. Para Petro, representa el fin de su principal apuesta de mediación regional y la urgencia de redefinir su relación con Estados Unidos.
La agenda del encuentro no dará margen para cortesías protocolarias. Trump llega con la exigencia de un giro radical en la política de drogas. Tras el fracaso de la “Paz Total” en términos de reducción de cultivos ilícitos, se espera que la administración republicana condicione la ayuda económica y los tratados comerciales a la reanudación de la aspersión aérea y a metas de erradicación forzosa que Petro ha rechazado históricamente.
Sin embargo, el presidente colombiano lleva una carta bajo la manga: el control migratorio. Con la transición en Venezuela aún en caos y miles de personas intentando cruzar el Tapón del Darién, Colombia se posiciona como el único dique de contención capaz de evitar una crisis migratoria que golpee la frontera sur de EE. UU. Petro buscará cambiar “seguridad fronteriza” por “apoyo a la transición energética”, intentando salvar su discurso ambientalista en medio de un gobierno estadounidense que ha prometido volver a los combustibles fósiles con fuerza.
Además, Petro enfrenta el reto de convencer a un Trump pragmático de que su política de “Paz Total” no ha debilitado la seguridad regional. Petro buscará desviar la conversación hacia la crisis climática y la protección de la Amazonía, pero el contexto de una Venezuela post-Maduro hace que la prioridad de Estados Unidos sea puramente de seguridad y control territorial.
Petro no llega a Washington como un aliado de la transición, sino como el líder que, en un último y polémico gesto, exigió el regreso de Maduro a Venezuela alegando que el derrocado líder del régimen está “secuestrado”, lo que tensionó aún más las relaciones entre Colombia y Estados Unidos, sobre todo cuando Marco Rubio volvió a advertir a Delcy Rodríguez con el uso de la fuerza en caso de no atender las órdenes.
La 'pasión' de Gustavo Petro
Iglesia católica rechaza declaraciones del presidente Gustavo Petro sobre Jesús y María Magdalena, al considerar que reinterpreta su vida de una manera equívoca.
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