En entrevista con la BBC News, la mujer de 37 años aseguró que luego de haberse recuperado de la enfermedad respiratoria empezó a padecer de parosmia, una extraña sintomatología que distorsiona los olores y sabores.  

“Me encantan las buenas comidas, salir a restaurantes y beber con amigos, pero todo eso se ha ido. La carne me sabe a gasolina y el vino a manzana podrida. Mi champú favorito tiene ahora el aroma más asqueroso del mundo”, manifestó la inglesa.

Debido a esto, McHenry señaló en el informativo que ha bajado de peso y tiene ataques de ansiedad. Incluso, afirmó que la relación con su novio se ha visto afectada. “Craig se come un curry y el olor es horrible. Se le sale por los poros y es difícil estar cerca de él”, agregó.

Claire Hopkis, presidenta de la Sociedad Rinológica Británica, indicó en este mismo medio que actualmente existe una creencia de que la pérdida del olfato y gusto, producida por el COVID-19, es por un periodo corto.

“Hay una gran probabilidad de recuperación. No obstante, muchas personas también perderán estos dos sentidos por un largo tiempo y ese impacto se está infravalorando “, puntualizó la especialista.

De acuerdo con la médica inglesa, existe la posibilidad de que varios pacientes sufran de parosmia, así superen el coronavirus, ya que el cerebro puede llegar a ser incapaz de identificar debidamente el olor y gusto real de las cosas, concluyó en la cadena de noticias.