Por: DIARIO DEL PEREIRA

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Este artículo fue curado por pulzo   Ene 24, 2026 - 10:33 am
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La novela Risaralda, publicada en noviembre de 1935, está considerada por muchos como la obra más sobresaliente escrita por un autor caldense durante la primera mitad del siglo XX. Su creador, Bernardo Arias Trujillo, proyectó a través de sus 31 capítulos una poderosa imagen del paisaje natural del valle del río Risaralda, entrelazando la historia de la colonización blanca con la llegada de comunidades afrodescendientes que huían de la esclavitud y de los efectos devastadores de las guerras civiles. Arias Trujillo relató cómo estos grupos encontraron refugio en la selva, en un mítico enclave conocido como Sopinga, situado en la confluencia del Risaralda con el Cauca. En aquel territorio, estos hombres y mujeres forjaron una existencia feliz, marcada por el trabajo comunitario, el folclore y la vida cotidiana en contacto con la naturaleza, hasta la llegada de los colonizadores blancos y la fundación del pueblo de La Virginia, episodio que simboliza la transformación de un enclave afrodescendiente desde dentro.

La vida de Bernardo Arias Trujillo estuvo llena de vicisitudes y contrastes, tanto en el ámbito personal como profesional. Nacido en Manzanares en 1903, estudió en su ciudad natal y luego en Manizales, gracias al apoyo de su tío, el general Jesús María Arias. Ya desde joven mostró su inquietud intelectual, participando en los círculos literarios más reconocidos de la ciudad, aunque por sus ideas políticas fue expulsado de la Escuela Normal de Varones. A pesar de ello, continuó vinculándose a ambientes culturales en el Instituto Universitario y en la renombrada Librería Moderna.

Su trayectoria profesional estuvo marcada por una evolución constante. Tras un breve paso por Villahermosa, donde trabajó como escribiente, viajó a Bogotá en busca de oportunidades y estudió Derecho en la Universidad Libre y más tarde en el Externado de Colombia, con la ayuda de personas influyentes como Carlos Adolfo Urueta y Luis Enrique Osorio. Publicó varias novelas cortas y, tras graduarse en 1927, retornó a Manizales donde, junto a su cuñado Federico Michaelis, fundó el diario Universal, de orientación liberal. Allí, no dudó en criticar ferozmente tanto a figuras conservadoras como liberales de la región, lo que provocó enconos duraderos.

Durante la década de 1930, Arias Trujillo desempeñó cargos públicos importantes y vivió experiencias trascendentales, como su paso por Buenos Aires donde cultivó vínculos con la élite cultural argentina y escribió bajo pseudónimo temáticas consideradas polémicas para su época. Al regresar a Colombia, su renombre creció y sus ensayos y novelas alcanzaron reconocimiento nacional, aunque su vida estuvo atravesada por conflictos políticos, enfrentamientos con la prensa e incluso polémicas dentro de la Iglesia caldense, que en aquellos años mantenía vínculos estrechos con el poder conservador.

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En 1938, cuando fue nombrado Personero de Manizales, Arias Trujillo atravesaba el mejor momento de su carrera, pero una enfermedad repentina acabó con su vida el 4 de marzo de ese año. Aunque algunos amigos sugirieron que su fallecimiento pudo deberse a una sobredosis de morfina, nunca se esclarecieron del todo las causas. Tras su muerte, el escritor fue lentamente relegado del panorama cultural, aunque la escritora Blanca Isaza rescató parte de su legado literario en la revista Manizales, recordando la enorme valía de quien fue considerado un “escritor maldito” que se resiste a la desaparición total del recuerdo colectivo.

¿Por qué la novela Risaralda es considerada tan representativa dentro de la literatura caldense? La novela se erige como un testimonio único de los cambios sociales, étnicos y políticos que vivió el departamento de Caldas en la primera mitad del siglo XX. Según lo documentado en el artículo de Albeiro Valencia Llano para El Diario, Arias Trujillo logró retratar la vida de las comunidades afrodescendientes y su interacción con los colonizadores blancos, situando su relato en lugares emblemáticos como Sopinga y La Virginia. Este contexto convirtió a Risaralda no solo en un hito literario, sino en una radiografía de la historia regional.

Además, la obra proporciona una mirada sensible y crítica sobre la vida cotidiana, los conflictos sociales y el folclore característico de la región, todo ello enmarcado en una época marcada por sectarismos políticos y la transición entre distintas hegemonías políticas. El retrato de este mundo en transformación, plasmado por Arias Trujillo, permite comprender de manera profunda los procesos históricos y culturales que dieron forma a la identidad caldense.


* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.

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