Noticias sobre Valledupar, el Cesar y el vallenato: artículos, videos, fotos y el más completo archivo de noticias de Colombia y el mundo en El Pilón.
La final de la categoría Acordeonera Mayor del Festival Vallenato 2025 se vio envuelta en una atmósfera tensa y emotiva, intensificada por la lluvia y por un incidente inesperado que marcó la noche: la correa del acordeón de Miriam Catherine Méndez Guerra se rompió en plena presentación ante el público y el jurado. Ella, enfrentando el dilema de detener su interpretación —lo que podía significar la descalificación—, optó por mantenerse firme durante lo que describió como “los 50 segundos más largos de mi vida”. La reacción del entorno fue inmediata, desde el respaldo de sus compañeros hasta los gritos de ánimo de la audiencia, en lo que resultó ser una prueba no solo técnica, sino personal, para quien terminó alcanzando el segundo lugar del concurso, según lo relatado por El Espectador. Este logro fue interpretado por Miriam como una confirmación de su compromiso, su perseverancia y su madurez como artista.
La coronación como virreina del festival representó para Miriam mucho más que un título. Impulsó su trayectoria como folclorista y docente universitaria —profesora en la Universidad Popular del Cesar— donde integra la teoría, la memoria oral y la práctica en la enseñanza del folclor. “Le abrí un espacio a la nueva generación, tanto a los jóvenes como a las mujeres...”, expresó, destacando el reto que supone ser mujer en una escena dominada tradicionalmente por hombres. Tras la competencia, fue homenajeada por su pueblo natal Bosconia (Cesar) y Santa Ana (Magdalena), municipios que la reconocen como la primera virreina nacida en ambos lugares y que la invitaron a motivar nuevas generaciones en la red Son Arte.
El inicio de su historia con el acordeón tuvo tintes fortuitos y familiares: el instrumento llegó a su hogar pensado para su hermano, pero fue Miriam quien se conectó con él, guiada por la instrucción de su propio hermano y acompañada siempre por su madre, quien, en palabras de Miriam, vio materializado un sueño propio a través de los logros de su hija. La carrera musical de Miriam fue cimentándose desde la adolescencia, cuando competía mayoritariamente con hombres en festivales como los de Los Andes, Bosconia y Santa Ana, alcanzando diferentes puestos en cada edición.
Hoy, además de concursar y enseñar, Miriam asume un rol crítico y creativo en la interpretación del acordeón. Rechaza que la etiqueta de “acordeonera” la defina por sí sola: prefiere llamarse “acordeonista”, diferenciando entre quienes se iniciaron de manera empírica y quienes, como ella, han pasado por la reflexión académica, la investigación y la docencia. Su búsqueda va más allá de la ejecución: le preocupa la falta de materiales escritos para mujeres acordeonistas y la necesidad de adaptar tanto la técnica como los accesorios del instrumento al cuerpo femenino. Experiencias como la correa rota y las dificultades para tocar lactando la han llevado a buscar soluciones propias, como el diseño de pecheras flexibles.
Miriam extiende su liderazgo a la selección de repertorios con mensajes que dignifican a la mujer, apartándose de letras que la denigran y eligiendo canciones que se alinean con los valores que desea transmitir. Ha consolidado un equipo musical en el que el trabajo colectivo prima sobre el lucimiento individual, en especial en la composición de la puya, donde muestra gratitud hacia sus colaboradores y resalta el papel de Dios. Su motivación trasciende la victoria: aspira a usar su plataforma para impulsar proyectos culturales y fortalecer el folclor en comunidades donde las oportunidades para niños y mujeres aún son limitadas. Si no se consagra con el primer lugar, su respuesta, afirma, será persistir, reflejando la convicción de que el propósito último no es solo ganar, sino transformar y mantener vivo el legado vallenato desde una mirada diversa e inclusiva.
¿Por qué es relevante la distinción entre acordeonera y acordeonista en el Festival Vallenato?
En el contexto del Festival Vallenato 2025, Miriam Catherine Méndez Guerra subraya la importancia de diferenciar entre los términos “acordeonera” y “acordeonista”. Según sus declaraciones, recogidas por El Espectador, la primera palabra asocia a las intérpretes con la tradición oral y la práctica empírica, propia de los juglares originales, mientras que la segunda implica una formación profesional, investigación y un enfoque académico respecto al instrumento. Su reflexión no solo marca una reivindicación personal como músico integral, sino que también plantea preguntas sobre la evolución del rol de la mujer en el vallenato y la transformación de la enseñanza musical en Colombia.
La relevancia de esta distinción radica en el reconocimiento del aporte de las mujeres e intérpretes formados académicamente dentro de un género tradicionalmente masculino y arraigado en el aprendizaje informal. Al llamarse “acordeonista”, Miriam afirma no limitarse a la ejecución, sino buscar activamente la conservación, investigación y renovación del folclor, lo que remarca la diversidad y riqueza de la cultura vallenata actual. ¿Hasta qué punto este cambio de paradigma puede influir en la apertura de nuevos espacios o en el surgimiento de relatos alternativos en la historia del festival?
* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.
* Pulzo.com se escribe con Z
LO ÚLTIMO