Estos cupos existen en virtud de la llamada reforma del Equilibrio de Poderes, que se aprobó en el 2015, y es la primera vez que se usará en Colombia.

Aunque Petro en repetidas oportunidades durante la campaña electoral dijo que su meta era la Presidencia y no el Congreso, sería un gran error, con miras incluso a las elecciones de alcaldes y gobernadores de 2019, perder la oportunidad de tener una tribuna para ser contradictor del gobierno.

Pero analistas creen que esa nueva posición no está exenta de riesgos.

“Eso tiene la desventaja de que estará demasiado tiempo en medios (en particular, televisión)… y existe la posibilidad de que la gente se canse de él”, dice el columnista de la revista Semana Alfonso Cuéllar.

Este cansancio podría ser capitalizado por un tercero que recoja el discurso antiestablecimiento de Petro, y no necesariamente desde la izquierda (donde no se ve una figura en el Polo o en la Farc), sino del centro (¿Fajardo?).

Cuéllar cree que es posible que aparezca el equivalente de Iván Duque (en la derecha) para tomar esas banderas antiestablecimiento.

“Esa fue la inteligencia de Uribe: encontró un candidato que no tenía historia, no tenía investigaciones, vivió por fuera del país todo el tiempo. Una persona que no tenía enemigos”, dice Cuéllar.

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Héctor Riveros, analista de Blu Radio, cree que si la opción de centro, que no logró concretarse en esta oportunidad, lo hace “podría arrebatarle a Petro la condición de alternativa obvia al uribismo”.

“Cómo cambiamos el uribismo será la pregunta dentro de 4 años. La respuesta será con Petro o con una opción más moderada. Esta vez se optó por Petro, pero no estoy muy seguro de que logre mantenerse hasta el 2022”, dice Riveros.

Nicolás Uribe, también analista de Blu Radio, cree que si la izquierda democrática quiere llegar al poder en Colombia tendrá que tener un candidato más moderado, menos radical.

“El movimiento del voto en blanco en parte responde a eso porque hay gente que le tiene pavor a Petro. El cuarto de hora de Petro fue en esta campaña. Si la izquierda construye una candidatura de un personaje que no sea tan radical, tendría más probabilidades en una candidatura del 2022”, dice.

Pero también existe el riesgo de que se incube el terreno para un candidato de derecha de mano dura para el 2022, algo que parece resultar natural para un país que ha demostrado ser conservador. El nivel de protesta social podría ser el determinante.

El hecho es que 4 años son la eternidad en términos políticos. No hay nada escrito: no se le puede adjudicar a Petro la presidencia en 2022, pero tampoco extenderle el acta de defunción como un cadáver político.

Cuéllar recuerda que en el 2006, en México, el equivalente político de Petro, Andrés Manuel López Obrador, perdió las elecciones y todos apostaron a su desaparición. Y hoy está a las puertas de la presidencia. ¿Será ese el caso de Petro?