El ambiente gastronómico de Bogotá pierde a uno de sus referentes más queridos en la cocina de mar. Tras más de dos décadas de operación ininterrumpida, el restaurante Gostinos anunció el cese definitivo de sus actividades. El establecimiento, que se convirtió en un punto de encuentro estratégico en sectores como La Macarena y centros comerciales de alto flujo como Andino y Gran Estación, pone fin a una trayectoria que inició a principios de los años 2000.
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Gostinos no solo se destacó por su oferta de pescados y mariscos, sino por democratizar el acceso a preparaciones sofisticadas con un sello artesanal. Su propuesta, centrada en la fusión de los sabores del Caribe y el Pacífico, logró cautivar a un público diverso: desde ejecutivos que buscaban un punto neutral para negocios en el centro, hasta familias que acudían por sus famosas parrilladas de mariscos y los langostinos en salsa de coco, bautizados como el plato Bora Bora.
A través de un comunicado oficial compartido en sus canales digitales, la administración del restaurante confirmó la noticia con un mensaje de agradecimiento:
“Hoy nos despedimos, pero con el corazón lleno de gratitud, agradecemos profundamente a nuestra distinguida clientela, quienes durante estos 23 años nos acompañaron y fueron parte de nuestra historia, disfrutando de la gastronomía del Caribe y Pacífico, compartiendo risas, alegrías, celebraciones especiales y reuniones de negocios alrededor de nuestras mesas. Hoy Gostinos cierra una maravillosa etapa y se despide dándoles gracias a todos los que hicieron posible este sueño: clientes, proveedores, colaboradores, directivos y cada persona que de una u otra forma aportó su granito de arena para que este proyecto permaneciera vivo durante más de dos décadas. ¡Gracias por estos 23 años”.
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El cierre de su sede principal en el Pasaje Mompox de La Macarena representa un cambio significativo para la zona, un barrio históricamente reconocido por su oferta bohemia y culinaria de alta calidad. Gostinos se mantuvo allí como un ancla comercial, resistiendo las fluctuaciones económicas y los desafíos que impuso la pandemia para el sector restaurantero hace unos años, sobre todo en esta zona.
Expertos del sector atribuyen el éxito de su permanencia a una carta consistente, donde el jugo de corozo y las cazuelas se convirtieron en sellos de identidad que difícilmente pasaban desapercibidos para quienes transitaban la carrera Séptima. Sin dar detalles específicos sobre las razones del cierre, la despedida dejó a muchos de sus comensales sorprendidos y pidiendo respuestas.
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