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La extracción de metales preciosos, en particular el oro, ha marcado profundamente la historia económica, social y política de Cartago desde su fundación el 9 de agosto de 1540. Un aspecto esencial y a menudo ignorado en las narraciones tradicionales es el papel de los africanos esclavizados, quienes no solo aportaron fuerza de trabajo, sino que también trasladaron conocimientos técnicos milenarios sobre minería. De acuerdo con el análisis presentado por Walter Benavides Antia, respaldado por fuentes arqueológicas, registros coloniales y estudios antropológicos, estos individuos traían consigo experiencia en la extracción de oro practicada durante siglos en África Occidental.
La historia comúnmente perpetuada ha reducido a los africanos esclavizados a simples proveedores de trabajo físico, ignorando uno de los procesos de transferencia tecnológica más relevantes y complejos de la era moderna temprana. Esta visión sesgada no reconoció que la selección de mano de obra africana no se basó en supuestas características físicas, sino en su saber acumulado en las técnicas de minería y agricultura. Así, la explotación de oro que se desarrolló en Cartago y otras regiones del occidente colombiano, como Popayán y Cali, no habría sido posible sin esta transferencia de conocimiento.
Las leyes de Burgos, promulgadas en 1512 por la Corona española con la intención de limitar la esclavitud indígena, no evitaron que las epidemias diezmaran la población nativa, provocando una urgente escasez de mano de obra. Ante esta situación, los africanos, portadores de desarrolladas técnicas mineras, se convirtieron en el principal sustento del sistema de encomienda y en un factor decisivo para la economía regional. Su presencia alteró radicalmente la demografía y la cultura local, estableciendo nuevas estructuras sociales.
En África Occidental, civilizaciones como la Akan en Ghana y Costa de Marfil habían construido su poder sobre la minería de oro desde el siglo XI. Con métodos de prospección precisos y una especialización técnica que pasaba de generación en generación, estos pueblos llegaron a dominar el reconocimiento de afloramientos auríferos a partir de señales en la vegetación y las rocas. La minería aluvial, practicada principalmente por mujeres Akania, sentó las bases del barequeo o mazamorreo en Colombia, mediante una técnica de separación de oro basada en la gravedad y la fuerza centrífuga.
El mercado de esclavos, regido por intereses imperiales y comerciales, evolucionó rápidamente. Inicialmente, los esclavos “ladinos” —africanos y afrodescendientes que vivían en la Península Ibérica y dominaban el castellano— fueron considerados insuficientes por las élites coloniales debido a su adaptación cultural europea y a su potencial de rebelión. Por ello, los esclavistas centraron su interés en los "bozales": africanos recién llegados del continente, sin contacto previo con la cultura europea, altamente apreciados por sus competencias técnicas tanto en la minería como en la agricultura.
La clasificación de los esclavizados según su región de origen —Alta Guinea, Baja Guinea y la cuenca del Congo— determinó su “utilidad” económica. Los registros demográficos actuales confirman que numerosos afrocolombianos del Pacífico y el norte del Valle del Cauca descienden directamente de estas poblaciones, portadoras de saberes fundamentales para la economía de la región. Los grupos bantúes, originarios del Congo y Angola, destacaban por su adaptación física a la selva húmeda y los guineanos por su conocimiento técnico en minería y metalurgia. Todo ello desmiente la visión de que la esclavitud africana en Colombia fue únicamente un fenómeno de explotación física, mostrando que fue también un proceso de transferencia y preservación de conocimiento técnico crucial.
¿En qué consistía el barequeo y por qué es importante en la minería colombiana?
La pregunta sobre el barequeo adquiere especial relevancia en el análisis histórico y técnico de la minería en Colombia, ya que esta práctica se consolidó gracias a las técnicas traídas por los africanos esclavizados. El barequeo, conocido también como mazamorreo, implicaba separar el oro del sedimento utilizando cuencos de madera, aprovechando la diferencia de densidad entre el metal precioso y el resto de los materiales. Esta técnica, perfeccionada durante siglos en África Occidental, representó un avance esencial para la extracción aurífera en los nuevos territorios conquistados.
Su importancia radica tanto en la eficiencia del método, que permitió una explotación rentable a pequeña escala en cauces fluviales, como en su valor simbólico: el barequeo evidencia la transmisión cultural y tecnológica africana en la formación de la identidad minera del país. Además, pone en relieve el protagonismo de las mujeres africanas dentro del proceso productivo y su papel como agentes transmisoras de conocimiento. Esta herencia permanece viva en las tradiciones mineras de las regiones del Pacífico colombiano.
* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.
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