Por: EL PILON SA

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Este artículo fue curado por pulzo   Feb 27, 2026 - 5:53 pm
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El impacto que han tenido las recientes inundaciones en Córdoba no se ha hecho esperar en los mercados de Valledupar, donde la escasez y el encarecimiento del plátano, la yuca y el ñame han obligado a familias y consumidores a modificar sus hábitos alimenticios diarios. Vendedores y compradores coinciden en que el patacón de plátano, tradicional acompañante en las mesas caribeñas, se ha vuelto casi un lujo. Para enfrentar esta situación, muchos han empezado a buscar alternativas más asequibles, como el guineo, la papa y la auyama, en un contexto donde los ingresos familiares permanecen estancados y la canasta básica se encarece cada vez más.

La tendencia al alza comenzó meses atrás, cuando el precio del plátano ya se mostraba elevado, aunque aún era posible conseguirlo, según testimonios recabados por El Espectador y La República. Antonio Moreno, vendedor de tubérculos, señala que, si bien a finales del año pasado se encontraba a 500 o 600 pesos la unidad, hoy el precio supera los 1.000 pesos, agravado por la merma en la llegada de mercancía desde Urabá, una de las principales zonas productoras. Moreno relata que actualmente el producto proviene de otros departamentos y hasta de Ecuador, lo que explica el incremento tanto en el precio como en la disminución de la calidad.

La problemática no solo afecta al plátano. El ñame de Montería, insumo clave para platillos como el tradicional mote, ha visto incrementos significativos, al igual que la yuca procedente de tierra alta en Córdoba. Tal como señala Indalecio Dangond, consultor citado por La República, los altos precios se explican por la escasez de la cosecha local y una demanda que supera la oferta, factor que persistirá hasta la próxima cosecha de Quindío y los Llanos Orientales.

Para los vendedores y pequeñas comerciantes, el aumento de precios y la baja calidad han supuesto ajustes necesarios en sus operaciones. Beatriz Castillo, quien frecuenta el mercado de Mercabasto, comenta que además de reducir sus márgenes ha tenido que diversificarse, sumando yuca y papa a su oferta para poder sostener su negocio. La papa criolla y la auyama han surgido como opciones para los compradores que buscan economizar sin renunciar a una guarnición nutritiva.

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Frente a este panorama, se aprecia una reducción en la cantidad de camiones que ingresan al mercado con mercancía, lo que limita aún más la oferta y contribuye a que el alza de precios se mantenga. Esto afecta tanto a quienes preparan alimentos en casa como a los vendedores de comida callejera y comedores comunitarios, quienes deben ajustar porciones o modificar recetas sin trasladar el costo completamente al consumidor, lo que reduce sus propios ingresos. Testimonios como el de John Madero reflejan la realidad: “Ya no se gana nada, 100 pesos, y de ahí hay que pagar transporte, bolsa, tiempo; no hay ganancia”.

Los ajustes también se extienden a prácticas como madurar el plátano verde para suplir la escasez del maduro, proceso que implica gastos adicionales y limita las ganancias en un entorno ya precario. Pese a las dificultades, los vendedores conservan el optimismo, aferrándose a la esperanza de que los precios eventualmente bajen con el cambio en las condiciones climáticas y la llegada de nuevas cosechas. Hasta entonces, la mesa en Valledupar se adapta día a día, priorizando los sustitutos más accesibles y reorganizando los menús familiares según las disponibilidades del mercado.

¿Por qué el plátano y la yuca son alimentos tan importantes en las mesas del Caribe colombiano?

El plátano y la yuca ocupan un lugar central en la dieta diaria de muchas familias en la Costa Caribe, no solo por su valor nutricional sino también por su versatilidad en la cocina. Platos tradicionales como el patacón, el mote de queso o el frito de plátano son parte de la identidad culinaria de la región, además de que estos tubérculos suelen ser más económicos que otros acompañantes como el arroz o la papa en épocas de buena cosecha.

La importancia que tienen va más allá del sabor: su consumo permite que, tanto en hogares como en comedores comunitarios y negocios de comida popular, se sirvan platos abundantes y saciantes, condiciones esenciales en contextos de ingresos bajos o fluctuantes. Cuando estos alimentos escasean o suben de precio, como está ocurriendo actualmente, el impacto sobre la economía familiar y la seguridad alimentaria es inmediato, obligando a buscar alternativas que puedan reemplazar, aunque sea parcialmente, su papel en la mesa.


* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.

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