Por: El Colombiano

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Este artículo fue curado por pulzo   Ene 30, 2026 - 12:44 pm
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La reciente decisión de la Corte Constitucional de suspender la emergencia económica declarada por el Gobierno Nacional generó gran conmoción en el panorama fiscal del país. Según lo reportado, este revés implica la caída inmediata de una serie de medidas transitorias que pretendían fortalecer las finanzas del Estado a través de nuevos gravámenes. El objetivo principal consistía en recaudar 11,1 billones de pesos para el año 2026 mediante la creación de impuestos adicionales, lo que permitiría paliar el déficit presupuestal estimado en 16 billones de pesos para ese periodo, según información proveniente del Presupuesto General bajo discusión en el Congreso.

La decisión provocó reacciones opuestas: para los sectores críticos del Gobierno, la medida representó una victoria al considerar que los decretos expedidos en el marco de la emergencia limitaban el debate democrático y la discusión parlamentaria. Sin embargo, desde el Ministerio de Hacienda y los aliados del Gobierno se expresó preocupación ante el inminente vacío fiscal. Según declaraciones recogidas por El Colombiano, se advirtió que la suspensión compromete una fuente crucial de recursos destinada a financiar obligaciones estatales fundamentales y a gestionar el costo creciente del endeudamiento público nacional.

Leonardo Pozos, viceministro técnico de Hacienda, alertó sobre las implicaciones de la medida en una entrevista con Señal Colombia. Enfatizó que, ante la pérdida de estos ingresos, el Gobierno no tendrá más alternativa que restructurar el gasto público en áreas sensibles. De acuerdo con la visión del funcionario, esto obligaría a priorizar obligaciones, lo que dejará “descubiertos muchos derechos y muchas obligaciones”. Pozos calificó este escenario como “muy angustiante a nivel nacional”, sugiriendo posibles efectos negativos de gran alcance social y económico.

Un caso concreto planteado por el viceministro ilustra la gravedad de la situación en algunas regiones. Según Pozos, cerca de cinco millones de personas en tres departamentos de la costa Caribe enfrentarían la posibilidad de perder el acceso al servicio de energía eléctrica, ya que las medidas de alivio adoptadas para atender esta crisis dependían directamente de los decretos suspendidos. “Cinco millones de personas, de tres departamentos de la costa, se van a quedar sin energía por cuenta de no tener estas medidas de alivio”, advirtió.

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Si bien la emergencia económica fue concebida para garantizar recursos que permitieran cubrir los compromisos estatales, la suspensión afecta varios tributos específicos. Entre estos se encuentran el incremento del Impuesto al Valor Agregado (IVA) sobre licores y juegos de azar, la implementación de un nuevo impuesto al patrimonio, una sobretasa al sector financiero y la prohibición de deducir regalías en las empresas petroleras y mineras. La caída de estos impuestos deja al Gobierno sin la posibilidad de implementar un paquete fiscal que, según se planteó inicialmente, era esencial para dar sostenibilidad a las finanzas públicas y enfrentar desafíos sociales y económicos críticos.

¿Qué otras alternativas plantea el Gobierno frente a la suspensión de la emergencia económica?

Frente al nuevo escenario, el Ministerio de Hacienda ha hecho anuncios sobre la búsqueda de reformas tributarias adicionales como alternativa para sustituir los recursos que se dejarán de percibir tras la decisión de la Corte Constitucional. Este ajuste exigirá, de acuerdo con fuentes gubernamentales como las citadas por El Colombiano, una rápida reorganización de prioridades presupuestales y un proceso de concertación que podría volver a abrir el debate sobre la estructura impositiva y el destino del gasto público.

La importancia de la pregunta radica en las consecuencias inmediatas que la suspensión tiene sobre las finanzas estatales y en la definición de nuevas rutas de recaudación. La forma en que el Gobierno Nacional gestione este desafío determinará su capacidad para cumplir compromisos sociales y económicos, y marcará el tono del debate fiscal en los próximos años.


* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.

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