En su más reciente informe sobre las Perspectivas de la Economía Mundial (WEO), el organismo multilateral concuerda en la magnitud de la caída de Producto Interno Bruto (PIB) de Colombia con lo que estimó el Banco Mundial a comienzos de esta semana: que el PIB del país caerá 2,0 %.

El informe del FMI comienza con una mirada global: la pandemia lastrará la economía del mundo llevándola a una contracción de 3%.

Después pasa a la caída para América Latina: Brasil —la mayor economía de la región— tendrá una contracción de 5,3 %, México de 6,6 % y Argentina —en plena reestructuración de su deuda— tendrá una caída del PIB de 5,7 %.

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Tampoco se salvan las economías del Pacífico que gozaban de buena salud y Chile tendrá una caída de 4,5 % y Perú de 4,5 %.

En Ecuador, bajo un programa del FMI y con dificultades para afrontar sus obligaciones de deuda, la retracción será de 6,3 %, en Paraguay la caída del PIB será de 1 % y en Uruguay de 3 %.

En Bolivia —que sufrió un 2019 convulso con la anulación de las elecciones generales— la contracción será de 2,9 % y Venezuela —el vagón de cola— tendrá una retracción prevista de 15 %, después de un desbarranque de 35% en 2019.

De un crecimiento bajo al desmoronamiento

Según la última actualización de las previsiones del FMI hechas en enero, la región estaba en una situación de crecimiento deslucido con una expansión prevista para este año de 1,6 %, por debajo de la media global de 3,3 % en 2020.

Pero entonces, la crisis por el nuevo coronavirus con epicentro en China no se había conformado como un terremoto global, con una pandemia que ha dejado más de 120.000 muertos en el mundo y obligado a paralizar la actividad para intentar frenar el avance de un virus desconocido.

La naturaleza misma de este golpe difiere de otras crisis. Se combinan el efecto de las medidas de confinamiento, con cierre de lugares de trabajo, perturbación de las cadenas de suministro, despidos y caída del ingreso.

Ni el mismo FMI se salvó y esta edición de su reunión semestral será meramente virtual.

En medio de la incertidumbre, los precios de las materias primas caen y hubo, a la vez, una guerra de precios que tumbó la cotización del barril de petróleo, perjudicando seriamente a los países petroleros de la región: Argentina, México, Brasil, Ecuador, y Colombia, entre otros.

La merma en la actividad industrial en todo el mundo perjudica a países que dependen de la extracción de minerales. El índice del FMI para este sector caerá 10,2 % en 2020 y un 4,2 % en 2021, prevé el organismo.

A este coctel tóxico para el crecimiento se suma el endurecimiento de las condiciones financieras, muy negativo para los mercados emergentes.

La búsqueda de activos seguros como el dólar ha significado un desplome de las monedas locales, algunas de las cuales han tocado mínimos históricos, y fuertes caídas en las bolsas.

En cualquier caso, América Latina tendrá una caída mayor que los mercados emergentes en conjunto (-1 %).

Para 2021, la proyectada recuperación con un crecimiento de 3,4 % también está por debajo del promedio de los mercados emergentes (6,6 %) y del compilado mundial (5,8 %).

Sin embargo, el Fondo advirtió que la recuperación el próximo año depende de forma “crítica” de que la pandemia ceda en la segunda mitad de 2020, y puedan retirarse gradualmente las restricciones a la movilidad.

Responder en un contexto de informalidad

En una rueda de prensa, la economista jefe del FMI, Gita Gopinath, señaló que proveer recursos a las personas que lo necesitan en economías con altos grados de informalidad, como en Latinoamérica, es un “desafío particular”.

“Hay que salirse del patrón tradicional”, dijo la economista que explicó que estos países tienen programas sociales que deben ser ampliados.

El Fondo señaló que las naciones en que se combine una crisis sanitaria de proporciones con dificultades de financiación del exterior, pueden necesitar ayuda bilateral o multilateral para sortear la caída y “asegurar que el gasto en salud no quede comprometido en el difícil proceso de ajuste”.

El directorio del FMI confirmó la semana pasada que tiene una capacidad de préstamo de un billón e dólares.

“La recuperación va a requerir una fuerte cooperación multilateral para complementar los esfuerzos nacionales”, dijo la entidad.

“Una fuerte cooperación multilateral es esencial para sobreponerse a los efectos de la pandemia, incluyendo la de ayudar financieramente a países constreñidos que enfrentan al mismo tiempo golpes sanitarios y financieros”, concluyó el reporte.