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El futuro de la relación entre el Gobierno Nacional y el Banco de la República sigue siendo incierto tras el enfrentamiento por las decisiones sobre tasas de interés y la defensa de la autonomía del Emisor.
Si bien ese pulso entre los gobiernos de turno y el banco central no es nuevo, el Gobierno Petro lo acrecentó al levantarse de la junta directiva y señalar que parte del Banrep tenía en su agenda impulsar las ganancias de los banqueros. Lo cierto es que la data revela lo contrario: los bancos con pérdidas en sus bóvedas crecieron 267 % tras la escalada de tasas y en su punto más crítico, según un análisis de El Colombiano.
Esa relación se agudizó el pasado 31 de marzo, cuando la junta directiva incrementó la tasa 100 puntos básicos por segunda vez consecutiva para situarla en 11,25 %. Un “trago amargo” para el ministro de Hacienda, Germán Ávila, que, a pesar de ser el presidente del órgano directivo y contar con tres codirectores designados por el presidente Petro, no ha tenido el respaldo para cumplir con la línea de rebajar tasas.
Ávila no poseía los recursos para dar “un golpe sobre la mesa” en la más reciente junta. Por esa razón abandonó su silla y ni siquiera asistió a la acostumbrada rueda de prensa que brinda junto al gerente del Banrep, Leonardo Villar. Posteriormente, el propio presidente Petro anunció el retiro del Ejecutivo de la junta directiva del banco, un hecho sin precedentes y una jugada de presión casi desesperada bajo los ojos de algunos analistas, ya que la junta no podría sesionar sin la presencia del ministro.
El argumento de la Presidencia, más allá del endurecimiento de tasas, se centró en que la junta del Emisor tomaba decisiones en favor de los intereses del sector financiero. Según el mandatario, la mayoría de los miembros “busca aumentar las ganancias de los dueños de la deuda pública”, y añadió que esto termina trasladando costos adicionales a la población.
Villar no tardó en contradecir esa lectura. “Si alguien tuvo un costo grande del ciclo anterior de aumentos en la tasa de interés, fue precisamente el sector financiero”, explicó. Con esto, buscó desmarcar la política monetaria de cualquier interés y reafirmar que su propósito es controlar la inflación.
Los bancos privados son los últimos interesados en tasa de intervención alta. Revise el gasto público y ahí ve la razón de porque este gobierno está dejando el país endeudado a tasas altísimas, que no tienen que ver con las decisiones de @BancoRepublica pic.twitter.com/efugJyucYq
— Pablo V (@pablovsg1) April 8, 2026
Más allá de ese rifirrafe, las cuentas indican que el sector se desaceleró en los tiempos de tasas altas. José Ignacio López, presidente del centro de estudios económicos, Anif, comentó: “La evidencia es muy clara: cuando tuvimos el ciclo prolongado de aumento de tasas entre 2022 y 2023, hubo bancos con bajas utilidades e incluso pérdidas”.
En su concepto, el comportamiento reciente del sector muestra que el endurecimiento monetario impacta negativamente la rentabilidad, contrario a lo que ha sugerido el Ministerio de Hacienda.
El argumento es verificable. Pero antes hay que hacer un recuento: la escalada en política monetaria arrancó en enero de 2022 con el fin de controlar la presión inflacionaria que se veía venir por los estragos de la pandemia. En ese entonces, las tasas pasaron del 3% (en diciembre del 2021) al 4 % y de ahí en adelante no se vieron reducciones hasta diciembre de 2023, cuando se ajustaron del pico de 13,25 % a 13 %, un recorte de 25 puntos básicos. Para mayo del 2025 ya habían bajado hasta el 9,25 %, pero en 2026 se treparon nuevamente al 11,25 % debido a la inflación persistente y a las expectativas de que la variación de precios cierre el año cerca al 6 %, lo que desató el debate.
¿Qué bancos en Colombia han tenido pérdidas en Colombia?
En este contexto, los bancos que perdieron plata tras las tasas altas casi se cuadriplican. De acuerdo con datos reportados por la Superintendencia Financiera, a diciembre de 2022, en el remate de la emergencia del covid-19, tres bancos registraron pérdidas: Lulo Bank, Banco Pichincha y Banco BTG Pactual.
Pero, para diciembre de 2023, y tras permanecer la mayor parte del año con una tasa de 13,25 %, esa cifra se disparó a ocho entidades; y para cierre de 2024 escaló a 11: Banco Popular, AV Villas, Bancamía, Banco W S.A., MiBanco S.A., Lulo Bank, Banco Contactar, BBVA, Scotiabank Colpatria S.A., Banco Falabella S.A. y Banco Pichincha S.A.
Es decir que, en los dos primeros años de tasas altas, y hasta ahora el periodo más crítico, el número de bancos que reportaron pérdidas anuales creció un 267 % en Colombia. Viéndolo en el agregado, el 37 % de la banca tuvo resultados financieros negativos. No obstante, a cierre del año pasado, el panorama tuvo una leve mejora al retornar a ocho entidades en rojo, al igual que en 2023.
La tasa de interés del Banrep es el precio al que le presta dinero a los bancos del país y sirve como referencia para todas las demás tasas de la economía. En términos simples, cuando esta tasa sube, los créditos se vuelven más caros para la gente de a pie y para las empresas.
Una lectura rápida es pensar que las entidades financieras se ven beneficiadas porque cobran más por prestar dinero, pero la realidad es más compleja. Luis Fernando Ramírez, docente e investigador económico, indicó que el impacto para los bancos es, en general, negativo. “Por ninguna de las rutas, la banca se beneficia con tasas de interés más costosas”.
Eso porque, al ser más caro el crédito, menos personas y empresas lo piden. Esto hace que los bancos otorguen menos préstamos y se vuelvan más estrictos al aprobarlos, lo que termina frenando el movimiento de dinero en la economía.
El académico detalló que el aumento de tasas también incrementa los riesgos para las entidades. A medida que el crédito se vuelve más costoso, crece la probabilidad de impagos por parte de hogares y empresas. Esto obliga a los bancos a aumentar las provisiones exigidas por la Superintendencia Financiera, en otras palabras, la reserva de dinero para cubrir el riesgo de que los préstamos que han otorgado no sean devueltos, lo que reduce directamente sus ganancias.
Además, el costo de captar dinero también se eleva. “Cuando los bancos necesitan recursos, por ejemplo a través de un CDT, deben pagar tasas más altas”, mencionó Ramírez.
Basta con analizar los resultados de la Superfinanciera para ver que lo anterior se ha reflejado en la práctica y los bancos atravesaron dos años fuertes de desaceleración. Por ejemplo, los 19 bancos privados nacionales reportaron utilidades por $ 6,90 billones en 2023 y $ 7,53 billones en 2024, por debajo de los $ 8,84 billones registrados en 2019 antes de la pandemia y de la escalada en tasas. El mismo comportamiento se reflejó con las 10 entidades extranjeras y el Banco Agrario.
Otro dato crucial es la cartera, que es el dinero que los bancos han prestado a terceros y que esperan recuperar con intereses. Ahí tampoco les fue bien. Entre septiembre de 2021 y abril de 2023, la cartera registró contracciones reales sostenidas, llegando a -6,7 % anual al cierre de 2023, mientras que el indicador de mora aumentó de 3,7% a 5,0 %, lo que incrementó el gasto en provisiones (explicadas anteriormente).
De acuerdo con la Asociación Bancaria y de Entidades Financieras de Colombia (Asobancaria), tras los menores ingresos por la caída de cartera y el mayor gasto por provisiones, las utilidades de todos los establecimientos de crédito cayeron 45% y la rentabilidad bajó hasta el 3%. Así las cosas, los datos, la academia y los analistas difieren en gran manera de la visión de un beneficio para la banca en el encarecimiento del crédito.
Acá la mejor explicación sobre tasas de interés y el Banco de la República. No es cierto lo que dice el gobierno @petrogustavo y su séquito de fanáticos al afirmar que las utilidades de esto se las llevan los bancos, pero claro, es más fácil mentir y engañar a incautos en… https://t.co/N85BOvisHl
— Juan Falkonerth (@juanfalkonerth) April 2, 2026
Hay que decir que en 2025 se apreció una pequeña recuperación para el sector, coincidiendo con una tasa más “favorable” de 9,25 %. “A pesar de la mejora del año pasado, el entorno sigue siendo retador. Las tasas de interés aún elevadas continúan afectando el costo de fondeo y la capacidad de pago de los deudores, lo que limita el crecimiento de la cartera y restringe el dinamismo del crédito. Es probable que hacia finales de 2026 la cartera pierda tracción y tienda a estancarse, en la medida en que los efectos de la política monetaria continúen transmitiéndose al sistema financiero”, anotó Jonathan Malagón, presidente de Asobancaria a esta redacción.
Y es que, los analistas proyectan que, a pesar de la estrategia de presión del Gobierno, el banco central de una u otra forma se verá en la obligación de seguir con el alza de tasas. De hecho, consultados por este medio consideran que el ministro terminará finalmente regresando a la próxima reunión de la junta a finales de abril para evitar sanciones; otra posibilidad es que el Consejo de Estado se pronuncie tras recientes demandas y anule la norma que impide a la junta sesionar sin el ministro de Hacienda.
Laura Clavijo, directora de Investigaciones Económicas de Bancolombia, señaló que el país ya experimenta un nuevo ciclo de aumento en las tasas de interés: “se prevén al menos tres nuevos incrementos de 75 puntos básicos en las próximas reuniones, lo que llevaría la tasa a ubicarse en 12,75 % al cierre del año”.
Clavijo continuó que este escenario de tasas más altas responde a un desanclaje en las expectativas de inflación, en medio de un contexto marcado por un elevado consumo privado, un alto gasto público y la persistencia de desequilibrios fiscales y externos.
Juan David Ballén, director de Economía de Aval Asset Management, tiene una estimación más moderada, con una tasa por el orden del 12 %, mientras Asobancaria proyecta una del 11,75 % a cierre de año.
“La tasa seguirá subiendo debido a que las expectativas de inflación subieron por encima del 6 %, más del doble de la meta del Banco de la República, como resultado del salario mínimo sobre los servicios y del choque que presentan los combustibles y los alimentos por el conflicto en Medio Oriente”, apuntó Ballén.
La realidad es que Colombia está todavía lejos de volver a ver tasas de intervención del 4 % o menos. El gremio financiero proyecta que solo hasta mitad de 2027 se vea una nueva reducción. Ese proceso dependerá, en buena parte, de la consolidación de las expectativas de inflación en torno a la meta (3%) y de la ausencia de nuevos choques que alteren la trayectoria de los precios en el país.
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