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El reciente partido amistoso entre la selección española y Egipto, celebrado en el RCDE Stadium de Cornellà, cerca de Barcelona, no solo atrajo la atención por el juego en sí, que terminó en empate 0-0, sino por los episodios de intolerancia que se vivieron en sus gradas. Parte de los 35.000 asistentes protagonizaron actos lamentables al abuchear el himno egipcio y corear cánticos islamófobos como “Musulmán el que no bote”. Tanto la policía regional catalana, los Mossos d’Esquadra, como el propio ministro de Justicia, Félix Bolaños, anunciaron la investigación de estos sucesos, calificándolos de vergonzosos para la sociedad española, según informó la prensa local y recogieron medios como AS.
La respuesta institucional no se hizo esperar. Durante el partido, por megafonía y videomarcadores se pidió a la afición que evitara cánticos ofensivos. El seleccionador nacional, Luis de la Fuente, condenó sin rodeos lo ocurrido, señalando que “los violentos aprovechan el fútbol para tener su espacio” y subrayó la necesidad de apartar estos comportamientos. También el presidente de la Federación Española de Fútbol, Rafael Louzán, intentó restar gravedad al describirlo como un “accidente aislado”, aunque los antecedentes muestran que se trata de un problema persistente.
La magnitud de lo sucedido cobra otra dimensión si se tiene en cuenta que la figura emergente del fútbol español, Lamine Yamal, es musulmán. Afectado por el ambiente hostil, fue el único jugador del equipo que no saludó al público al finalizar el encuentro. Para medios deportivos como AS, se trató de una “vergüenza mundial”, una percepción que comparten autoridades gubernamentales y dirigentes deportivos, reflejando preocupación por el reflejo internacional de la situación.
No es la primera vez que el fútbol español enfrenta episodios de racismo y xenofobia. El caso del brasileño Vinicius Junior, víctima reiterada de insultos racistas, ha marcado un precedente. En 2023, se llegó incluso a colgar un muñeco con su efigie en un puente cercano al complejo deportivo del Real Madrid, y más tarde, en un hecho sin precedentes legales en España, cinco aficionados del Real Valladolid fueron condenados por un delito de odio tras insultarle en 2022.
Estos comportamientos en los estadios no se limitan a Vinicius. Otros jugadores como los hermanos Iñaki y Nico Williams, así como el propio Lamine Yamal, han enfrentado ataques similares. Recientemente, seguidores del Albacete también entonaron cánticos racistas fuera de su estadio antes de un partido de Copa del Rey. La persistencia de estos episodios es motivo de preocupación, especialmente considerando que España organizará junto a Portugal y Marruecos el Mundial de Fútbol de 2030. Según medios españoles, este tipo de incidentes podría poner en entredicho la imagen de España como anfitrión mundialista e incluso influir en la elección de la sede para la final del torneo, prevista en principio para Madrid, pero que podría trasladarse a Marruecos si persisten las dudas sobre la capacidad del país para garantizar un ambiente de respeto y tolerancia en el fútbol.
¿Qué consecuencias podría tener para España la repetición de incidentes racistas en su fútbol?
La persistencia de manifestaciones racistas y xenófobas en los estadios españoles no solo daña la imagen internacional del país, sino que también puede impactar en su papel como coorganizador de grandes eventos deportivos, como el próximo Mundial de 2030. Las autoridades y organizaciones deportivas han mostrado preocupación, ya que la federación internacional de fútbol, FIFA, evalúa criterios de respeto y convivencia a la hora de designar sedes. El juicio mediático y social sobre la capacidad de España para erradicar estos comportamientos podría pesar en futuras decisiones relevantes.
En este contexto, la lucha contra la intolerancia en el fútbol trasciende lo deportivo, constituyéndose en un desafío social que implica tanto a los clubes como a los organismos oficiales y la propia afición. El futuro de los eventos internacionales en territorio español dependerá en parte de la rapidez y efectividad con la que se aborden estos problemas, ya que persiste el riesgo de que incidentes reiterados lleven a la FIFA a reconsiderar sus decisiones sobre la organización y desarrollo de partidos clave, como una final mundialista.
* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.
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