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La medida se sustenta en la Sección 301 de la Ley de Comercio de 1974 y llega tras una investigación de un año de la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR), que concluyó que determinadas prácticas brasileñas resultan “irrazonables” y perjudican al comercio estadounidense. El informe abarca varios frentes —propiedad intelectual, acceso al mercado del etanol, normas anticorrupción, deforestación ilegal—, pero el Pix concentró la mayor carga política. Se trata de la primera aplicación de la Sección 301 bajo la estrategia comercial que la administración estadounidense reactivó después de que la Corte Suprema anulara sus impuestos previos a la importación.

Qué cuestiona exactamente Washington

Los reparos del USTR son estructurales, no anecdóticos. El documento señala que el Banco Central brasileño actúa a la vez como regulador y como operador del sistema, una doble función que, según Washington, podría generar ventajas indebidas frente a competidores privados. También objeta que las instituciones financieras con más de 500.000 cuentas estén obligadas a participar del Pix, que la herramienta deba figurar de forma destacada en las aplicaciones bancarias y que las transferencias sean gratuitas para las personas físicas.

 

Detrás del argumento regulatorio hay una cifra incómoda. El Pix movió R$ 35,36 billones a lo largo de 2025, con 79,8 mil millones de transacciones registradas, un aumento del 33,6% tanto en valor como en volumen frente a 2024. Solo en el segundo semestre del año pasado representó el 54,7% de todas las operaciones de pago del país, frente al 30,4% acumulado por las tarjetas de crédito, débito y prepago combinadas. En un mercado donde el sistema público procesa más transacciones que todas las tarjetas juntas, la queja de las redes estadounidenses deja de ser abstracta.

 

La respuesta brasileña fue inmediata y de tono nacionalista. El presidente Luiz Inácio Lula da Silva calificó el anuncio como un hito lamentable y sostuvo que la soberanía del país no se negocia. El Ministerio de Hacienda afirmó que el Pix no está en ninguna mesa de negociación. El calendario ayuda a entender la temperatura del debate: Brasil vota el 4 de octubre, y la defensa del sistema se convirtió en bandera de campaña. Según Creomar de Souza, fundador de la consultora Dharma Political Risk and Strategy, el Pix pesa en la campaña de Lula porque permite enarbolar la soberanía nacional como consigna.

Colombia demuestra que el caso no es brasileño

La dimensión regional del conflicto no es una hipótesis. Colombia ya puso en marcha Bre-B, un sistema de pagos inmediatos inspirado en el modelo brasileño, operado por el Banco de la República y con interoperabilidad obligatoria establecida por ley. Entró en operación plena el 6 de octubre de 2025 y su despegue fue veloz: entre julio de 2025 y enero de 2026 se registraron 99 millones de llaves, correspondientes a 33,9 millones de clientes —un promedio de 2,9 llaves por cliente—, de los cuales 2,9 millones son comercios. A enero de este año el sistema contaba con 218 entidades vinculadas, entre ellas 26 bancos, 153 cooperativas y 4 SEDPE. En sus primeros seis meses superó los 670 millones de transacciones, y el sistema ya prepara una segunda fase que ampliará su alcance con nuevos actores y servicios.

 

El diseño replica la lógica que Washington cuestiona en Brasil: mensajería ISO 20022, un plazo máximo de 20 segundos por transferencia y un banco central que fija las reglas y opera la infraestructura. En marzo de 2026 el Banco de la República recibió el premio de Central Banking en la categoría de desarrollo de infraestructura de pagos minoristas, un reconocimiento que atribuyó el éxito de Bre-B a una planificación cuidadosa y a un marco regulatorio orientado a la incorporación efectiva de los participantes.

 

El resto de la región avanza en la misma dirección con modelos distintos. Argentina consolidó Transferencias 3.0, que obliga a que cualquier billetera pueda pagar en cualquier QR. Perú optó por forzar la interoperabilidad entre billeteras existentes: las dos primeras fases de la estrategia del BCRP generaron más de 263 millones de transacciones mensuales en diciembre de 2025. México, con CoDi y DiMo, sigue rezagado en adopción.

Del comercio minorista al entretenimiento digital

La penetración de estos sistemas desbordó hace tiempo el perímetro bancario. En Brasil, el Pix es hoy método estándar de depósito y retiro instantáneo en sectores tan diversos como el delivery, el transporte, el comercio transfronterizo y el entretenimiento digital regulado: operadores licenciados como BetMGM Brasil lo integran en su oferta de casino en vivo con acreditación en segundos, un estándar que las tarjetas no logran igualar. Esa capilaridad explica por qué el Banco Central prepara nuevas funcionalidades, como el Pix Parcelado, pensado para dar acceso a pagos fraccionados a cerca de 60 millones de brasileños que hoy no cuentan con tarjeta de crédito.

El precedente que preocupa

El punto de fondo excede a Brasil. Si Estados Unidos consigue transformar la existencia de infraestructuras públicas de pago en materia de negociación comercial, el precedente alcanza a cualquier banco central de la región que decida construir un sistema equivalente. Colombia ya lo hizo, Argentina y Perú avanzan, y varios países han manifestado interés en conocer el modelo. La disputa, en el fondo, es sobre quién controla los rieles por donde circula el dinero: infraestructuras estatales interoperables o redes privadas internacionales.

 

Brasil, además, ya prepara la etapa siguiente. La agenda del Banco Central prevé para 2027 la entrada en funcionamiento del Pix internacional, con la ambición de conectar el sistema a decenas de países de América Latina, Europa, Asia y África. Paralelamente, plataformas privadas como RoamingPay, de PagBrasil, ya conectan Pix, Transferencias 3.0, el SIPAP paraguayo y Bre-B para pagos internacionales en tiempo real.

 

La ofensiva arancelaria puede encarecer las exportaciones brasileñas, pero difícilmente revierta un hábito adoptado por casi toda la población adulta del país. El riesgo real es otro: que el mensaje enfriara la ambición de los bancos centrales vecinos justo cuando la región empezaba a construir, por primera vez, una infraestructura financiera propia.

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