Por: Caracol TV

Compañía líder de televisión, radio y digital en Colombia.

Este artículo fue curado por pulzo   Ene 30, 2026 - 5:52 am
Visitar sitio

El inicio del calendario escolar 2026 en Bogotá marca para muchas familias el regreso a una de las rutinas más relevantes en la infancia: la preparación de la lonchera escolar. Esta acción cotidiana, según el Ministerio de Salud y Protección Social de Colombia, no es únicamente un momento para satisfacer el hambre entre comidas, sino que representa una oportunidad formativa fundamental. De hecho, una lonchera adecuadamente planeada contribuye con entre el 10% y el 15% de la energía diaria que niños y adolescentes requieren, lo que puede influir decisivamente en su desarrollo y en la consolidación de hábitos saludables que perduren toda la vida.

Durante la jornada escolar, el cuerpo y el cerebro infantil demandan suficiente energía para mantener la concentración, promover el aprendizaje y posibilitar la actividad física. En este sentido, especialistas advierten que la función de la lonchera debe ser siempre complementar las principales comidas del día, no reemplazarlas. Así lo enfatiza Paola Yanquen, gerenta de Nutrición y Asuntos Regulatorios Alimentarios de Alpina, quien recalca la importancia formativa y educativa que tiene este espacio en la vida diaria de estudiantes colombianos.

La creación de loncheras saludables, precisa la experta, ofrece una oportunidad diaria para fomentar hábitos positivos. Las Recomendaciones de Ingesta de Energía y Nutrientes (RIEN) para la población colombiana refuerzan esta visión, subrayando que la alimentación de los escolares debe contener combinaciones equilibradas de proteínas, carbohidratos, grasas, vitaminas y minerales. La clave está en el equilibrio de los componentes y la diversidad de alimentos seleccionados.

Errores frecuentes, advierten nutricionistas y educadores, incluyen el tratar la lonchera solamente como un complemento para el recreo, sin considerar su papel en otros contextos como fines de semana, salidas o vacaciones. El ejemplo que los adultos dan al elegir, organizar y presentar los alimentos es fundamental; los niños asimilan más lo que ven que lo que se les indica verbalmente. Seleccionar porciones adecuadas, presentar combinaciones apetitosas y evitar asociaciones negativas alrededor de la comida son aspectos cruciales para cimentar una relación saludable y consciente con los alimentos.

En términos prácticos, Paola Yanquen sugiere abandonar una lógica de prohibiciones excesivas y, en su lugar, valorar la frecuencia, combinación y contexto de cada alimento. Una fórmula sencilla para estructurar una lonchera balanceada incluye: frutas o verduras (aportando fibra y vitaminas y facilitando la saciedad, preferiblemente en piezas enteras), cereales integrales (fuente de energía principal, como pan, arepa o galletas simples), proteínas (lácteos, huevo, legumbres, pollo o frutos secos, adaptándose a posibles alergias) y agua (como bebida básica e indispensable, sobre todo en días activos).

Es importante aclarar que, si bien no todos estos componentes deben incluirse cada día, sí es esencial mantener el equilibrio nutricional a lo largo de la semana. Igualmente, las porciones deben adaptarse a la edad, el tiempo de permanencia en el colegio y la cantidad de actividad física, siguiendo referencias generales de distribución energética recomendadas por las RIEN: entre un 10 y 20% de proteínas, 25 a 35% de grasas y de 50 a 65% de carbohidratos.

Con base en estas directrices, la lonchera escolar mantiene su relevancia como espacio no solo nutricional, sino también educativo, donde cada decisión puede ayudar a forjar un vínculo saludable y placentero de los menores con la alimentación diaria. El reto para las familias está en encontrar ese equilibrio flexible y respetuoso, capaz de adaptarse al contexto individual de cada niño y a las cambiantes jornadas escolares y familiares.

¿Qué criterios deben considerar las familias para ajustar las porciones en la lonchera escolar?
El ajuste de las porciones en la lonchera es un aspecto esencial para garantizar que los niños reciban la energía suficiente sin excesos ni carencias. Las familias a menudo se preguntan cómo adaptar la cantidad de alimentos según la edad, el tiempo en la jornada escolar y el nivel de actividad física. Comprender la relación entre estos factores y las necesidades energéticas ayuda a evitar prácticas poco saludables y favorece el desarrollo integral infantil. La orientación de nutricionistas, como la presentada en las recomendaciones del Ministerio de Salud y Protección Social y la RIEN, facilita el balance adecuado en las loncheras escolares, asegurando así un aporte efectivo dentro de la rutina diaria.


* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.

* Pulzo.com se escribe con Z

LO ÚLTIMO