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Un reciente estudio divulgado en The Journal of the American Medical Association analizó los hábitos de consumo de café y té en más de 131 821 personas a lo largo de cuarenta años, revelando que una ingesta moderada de estas bebidas se asocia a un menor riesgo de desarrollar demencia y a una preservación más duradera de la función cerebral. La investigación, encabezada por la Escuela de Salud Pública T.H Chan de la Universidad de Harvard, se enfocó en el efecto protector que la cafeína parece ejercer sobre el cerebro. Según el equipo de expertos liderado por Daniel Wang, incorporar de dos a tres tazas de café o una a dos tazas de té diariamente podría convertirse en una intervención dietética de utilidad en la prevención de deterioro cognitivo y demencias.
La razón detrás de este beneficio reside principalmente en los compuestos bioactivos presentes tanto en el café como en el té, entre ellos la cafeína y los polifenoles, conocidos por sus propiedades neuroprotectoras. Estas sustancias actúan reduciendo procesos inflamatorios y daños celulares, colaborando así en la protección frente a trastornos cognitivos asociados al envejecimiento. Sin embargo, como enfatizó Wang, el efecto protector de estas bebidas es moderado y no reemplaza otras medidas recomendadas para apoyar la salud cerebral conforme avanzan los años.
La originalidad de este trabajo radica en la duración y el gran tamaño de la muestra, ya que hasta ahora la mayoría de los estudios sobre el tema apenas había contemplado periodos cortos y con menos participantes. Durante los 43 años de seguimiento, los investigadores registraron los hábitos dietéticos, la incidencia de demencia, el deterioro cognitivo subjetivo y el desempeño en pruebas funcionales de todos los voluntarios, además de comparar el impacto del café con cafeína, café descafeinado y té.
Los hallazgos fueron claros: de los participantes estudiados, 11 033 desarrollaron demencia. Entre quienes consumían café con cafeína, el riesgo disminuyó un 18 % y el de deterioro cognitivo bajó en un 7,8 %, frente a quienes ingerían pocas o ninguna de estas bebidas. Resultados semejantes se observaron en quienes preferían el té, mientras que el café descafeinado no mostró esta clase de ventajas.
De acuerdo con los autores, esto indica que la cafeína es el principal responsable de los efectos protectores detectados, aunque recomiendan que futuras investigaciones detallen el mecanismo por el cual actúa. Además, se constató que tanto aquellos con predisposición genética a la demencia como quienes no la tenían, se beneficiaron de igual forma al consumir café o té.
Los datos muestran que las máximas ventajas cognitivas se lograron con dos a tres tazas diarias de café con cafeína o entre una a dos de té al día. Según Yu Zhang, autor principal, ni la reducción ni el incremento en la cantidad de estas bebidas respecto a la dosis óptima alteraron la eficacia de su acción protectora.
¿Por qué la cafeína es más efectiva que el café descafeinado para proteger la función cerebral?
Esta pregunta surge a raíz de los resultados del estudio, donde únicamente el café con cafeína (y no el descafeinado) mostró efectos neuroprotectores contra la demencia y el deterioro cognitivo. Esto sugiere que la cafeína es el componente activo principal responsable de estos beneficios, aunque los investigadores enfatizan que aún se desconoce el proceso exacto mediante el cual actúa a nivel cerebral.
Entender la diferencia entre la cafeína y el café descafeinado resulta relevante para las personas interesadas en adoptar hábitos que favorezcan la salud mental a largo plazo. Determinar cómo y por qué la cafeína contribuye en este proceso podría orientar recomendaciones más precisas tanto para la prevención del envejecimiento cerebral como para el diseño de futuras investigaciones en este ámbito.
* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.
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