Anid Jocabed representa una de las voces poéticas más relevantes surgidas en el Quindío en años recientes. Licenciada en Literatura y Lengua Castellana, ha publicado obras como De quimeras y de cabras (2023) y es coautora de Lámparas sobre neblina (2025). Fundadora de la revista literaria Tzintzun y cofundadora de la editorial Seusba, Jocabed ha consolidado una trayectoria que la ha llevado a participar, como invitada, en ediciones de la Feria Internacional del Libro de Bogotá (FILBo) en 2024 y 2025, así como en reconocidos encuentros literarios como el Encuentro Nacional de Escritores Luis Vidales y el Encuentro Literario Carmelina Soto, donde ha oficiado como tallerista, escritora y moderadora, según lo recogido por Crónica del Quindío.
En sus reflexiones, Anid Jocabed relata cómo los paisajes del campo, especialmente en Calarcá, han sido fundamentales en el desarrollo de su sensibilidad poética. El ambiente rural, con su sinfonía de sonidos al atardecer y las silenciosas noches vivas, se convierte en escenario y fuente de inspiración para su obra. Alimentar a los animales junto a su padre, escuchar la naturaleza y contemplar sin juicios ni explicaciones han cimentado una percepción poética que para Jocabed trasciende las palabras: la naturaleza existe y se siente, enseñando a quienes la observan a captar la belleza de lo simple y espontáneo.
Este aprendizaje se potenció con las experiencias familiares en la finca y en el entorno rural: el cuidado de animales desde la infancia y el descubrimiento de especies emblemáticas como el barranquero o la convivencia con guatines y tórtolas –animales que cruzan y enriquecen su cotidianidad–. El ambiente rural propicia, según la autora, el nacimiento de historias que merecen ser contadas y, en Calarcá, actúa como una tierra fértil donde germinan escritores y poetas.
Tras mudarse a Calarcá en su adolescencia, Jocabed participó en talleres, charlas y actividades literarias organizadas en el Instituto Calarcá. En estos encuentros surgieron sus primeras aproximaciones a la escritura, desde diarios personales hasta cuentos, bajo la guía de docentes que alentaban nuevas lecturas y perspectivas. Fue así como la vida en Calarcá y la interacción con el medio rural resultaron decisivas para ampliar su universo literario y encontrar su propia voz.
En una mirada retrospectiva, Jocabed reconoce cómo ese entorno rural ha nutrido no solo su producción, sino la de otros autores destacados de la región. Menciona la infancia campesina de Humberto Jaramillo Ángel, la relación cercana de Carmelina Soto con lo rural durante su labor docente, así como los vínculos culturales de Elías Mejía con la caficultura y el caminar poético de Umberto Senegal entre las veredas del Quindío. Para Jocabed, el campo constituye tanto un escenario natural como un territorio de memoria y creatividad, donde lo vivencial y lo literario confluyen en los versos.
Por último, la autora enfatiza que la escritura, inspirada por el campo, no solo se reduce a la contemplación, sino también al acompañamiento de quienes abren caminos y fomentan procesos culturales. Calarcá, en su frontera difusa entre lo rural y lo urbano, se reafirma como matriz de artistas y escritores que, al igual que las voces del campo, resuenan y florecen siguiendo el ejemplo de quienes los precedieron.
¿En qué consiste la figura poética denominada “jitanjáfora” que menciona Anid Jocabed? La jitanjáfora es una figura literaria utilizada en poesía, caracterizada por la utilización de palabras o frases carentes de significado conceptual, donde predomina el valor sonoro sobre el semántico. Anid Jocabed nombra así a la mascota de su hermano en alusión a este recurso, destacando cómo el sonido de las palabras puede evocar sensaciones o emociones sin necesidad de una explicación racional. Comprender la jitanjáfora en el contexto rural de la autora resalta su apuesta por la sonoridad y la experiencia sensorial en la poesía, priorizando el sentir y la vivencia por encima del significado literal.
* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.
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