El Espectador es el periódico más antiguo del país, fundado el 22 de marzo de 1887 y, bajo la dirección de Fidel Cano, es considerado uno de los periódicos más serios y profesionales por su independencia, credibilidad y objetividad.
El origen de las tostadas francesas, también conocidas como torrijas o torrejas, está envuelto en relatos históricos y toques de leyenda. Una de las versiones más difundidas sugiere que este popular plato surgió en Albany, Nueva York, en 1724. Según varios registros citados por El Espectador, un colono llamado Joseph French las presentó bajo el nombre de “French Toast”, una denominación que ha perdurado hasta la actualidad. Sin embargo, esta historia no se ha confirmado plenamente, quedando como parte de la mitología culinaria mientras la preparación fue adoptando distintas formas a lo largo de los siglos.
Los primeros registros similares a la tostada francesa se remontan a la época del Imperio Romano, cuando era conocido como “Aliter Dulcia”. En sus inicios, la receta solo requería pan y leche, omitiendo el huevo que actualmente es fundamental en su preparación. El término francés “Pain perdu”, traducido como “pan perdido”, hace referencia al uso de pan duro o añejo, una costumbre que permitía aprovechar este alimento que, aunque ya no era fresco, todavía podía convertirse en una delicia.
La base de las tostadas francesas consiste en sumergir trozos de pan en una mezcla batida de huevos y leche, asegurando que absorban bien la preparación para lograr una textura jugosa tras la cocción. Una vez remojados, los trozos se sofríen o se hornean, y suelen endulzarse al gusto con miel, melaza o azúcar. Esta versatilidad ha permitido que se adapten diferentes toppings, según las preferencias individuales de quienes las disfrutan.
El proceso actualizado de elaboración comienza cortando el pan en pequeños cubos, que se distribuyen en un molde apto para horno. Sobre este pan se vierte la mezcla de huevos batidos con leche, sal y pimienta, asegurándose de que el pan quede bien impregnado. Posteriormente, se añade jamón y queso por encima para gratinar, lo que introduce variantes saladas a la receta original. El platillo se hornea durante aproximadamente 15 minutos a 170 °C, hasta que adquiere una textura dorada y apetecible. Finalmente, se puede decorar con cebollín picado, agregando un toque fresco y aromático antes de servir.
Esta preparación ha trascendido generaciones y fronteras, manteniendo su esencia de aprovechar ingredientes simples y otorgarles un valor especial en la cocina diaria.
¿Por qué el plato se ha mantenido vigente durante tantos siglos?
La permanencia de las tostadas francesas a lo largo del tiempo obedece a su capacidad para adaptarse a diferentes culturas y preferencias gastronómicas. Su preparación sencilla pero versátil permite que se consuma tanto dulce como salada, convirtiéndose en una solución creativa para no desperdiciar pan duro y aprovechar ingredientes comunes del hogar. Además, la posibilidad de reinventar el platillo con diferentes coberturas o rellenos lo vuelve atractivo en todo tipo de mesas.
La facilidad de preparación, combinada con la oportunidad de innovar en sus ingredientes, explica por qué las tostadas francesas siguen siendo un desayuno o postre favorito en numerosos países. A través de los años, cada generación ha encontrado en este plato una manera de unir tradición y creatividad culinaria.
* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.
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