Aún nadie lo tiene muy claro, enfatiza Ariel Ávila en su columna de El País, de España, en la que advierte que vendrán “horas difíciles”. Pero, más que horas, serán muchas semanas, porque agrega que “nadie apuesta a que los próximos 18 meses serán tranquilos”, y puntualmente se refiere a que “será un viacrucis para el Gobierno” de Iván Duque.

Esta semana de movilización y protestasmarcada por la convocatoria al paro nacional de este miércoles, más el arribo de la minga indígena a Bogotá el lunes pasado, que en principio sostuvo como objetivo reunirse con el presidente Duque, pero que llegó para sumarse al paro, lo mismo que la protesta de los profesores agremiados en Fecode— será “determinante para, al menos, cuatro cosas”, plantea Ávila.

Primero, para la agitación social del 2021 como año preelectoral; segundo, para la carrera presidencial en sí del año 2022, para la cual “todos los sectores políticos se están intentado acomodar en el regreso de las movilizaciones sociales”; tercero, “para determinar la fortaleza del Gobierno Duque y su capacidad de maniobra en los menos de dos años que le quedan”, y cuarto, para el propio movimiento social.

Ávila pone en la proyección de los interesados en las elecciones presidenciales de 2022 al uribismo. Afirma que la aspiración del Gobierno, entre otras, es “no tener 18 meses continuos de crisis política”, para lo cual “el partido de Gobierno ha implementado la estrategia de satanizar la oposición y la protesta social, acusando de que hay un riesgo de ‘volvernos Venezuela’, ‘ojo con el 22’, ‘cuidado con el neochavismo’. Dicha estrategia fue bastante exitosa para las elecciones del 2018, pero nadie sabe si será exitosa para el 2022”.

Al hablar de “Ojo con el 22”, se refiere a la declaración política que dio el expresidente Álvaro Uribe después de que la Jueza 30 de Control de Garantías le otorgó la libertad después de estar detenido en su finca El Ubérrimo por orden de la Corte Suprema de Justicia. “Por la defensa de la libertad y la democracia, hasta el final. Ojo con el 22”, dijo Uribe, en una clara alusión al año electoral.

Otros analistas han avanzado en otra exploración. Por ejemplo, Paula García pone el retrovisor en su columna de La República, y recuerda el aviso que dio Gustavo Petro después de ser derrotado en las elecciones pasadas: la oposición será en las calles, dijo el líder de la Colombia Humana entonces, “y más de dos años después, se trata de una promesa cumplida y a medida que se acerca 2022 parecería volverse una obsesión”, cree García.

“Los gobiernos del mundo enfrentan hoy ciudadanías contestatarias ―postura necesaria y válida―”, admite García, pero alerta que “cuando pedidos genuinos resultan manoseados por intereses electorales, la legitimidad termina por rozar con la manipulación”.

Para esta columnista, una mirada a las redes sociales deja ver quiénes están en campaña. “Aparecen los que sin reparo se atribuyen causas ciudadanas, los que echan mano de la polarización y aquellos que con ánimo desestabilizador instrumentalizan a la población. La candidatitis sobrepasa cualquier límite”, dice.

Alebrestar a las masas con discursos populistas para alimentar el descontento siempre será taquillero, pero es irresponsable”, recalca García. “Las ligerezas, reflejo de la poca voluntad de nuestros políticos para construir país, se nutren de los vacíos de un débil gobierno y los afectados terminamos siendo todos. […] Mientras un país radicalizado se vuelve el caldo de cultivo para obtener réditos políticos, […] Petro sigue fiel a la forma de hacer oposición que prometió encabezar. Vía Twitter pregunta si el presidente está del lado de los asesinos o los asesinados, y con sus palabras, calienta aún más los crispados ánimos para salir a protestar”.

Y en su lista de quienes podrían sacar algún rédito de la protesta social también sitúa a Roy Barreras y a la alcaldesa de Bogotá, Claudia López: “En un momento de efervescencia como el actual, prometer un referendo revocatorio al mandato del presidente que la Constitución no permite demuestra el afán […] por hacerse notar”, escribe García al referirse a Berreras. “Es imprudente […] aprovechar el desconocimiento generalizado de las normas para avivar enojos ad portas de un nuevo paro nacional”.

“También desluce y preocupa el espectáculo bochornoso en el que se convirtió el manejo de la logística para recibir a la minga indígena en Bogotá”, plantea García sobre la alcaldesa de la capital, sin mencionarla. “Cuando los mandatarios locales ejercen pensando en futuras postulaciones presidenciales la gestión pública se rebaja a un perjudicial juego de ajedrez. La estrategia: fabricar enemistades y sembrar rencores. El trofeo: una sociedad que se divide en bandos irreconciliables”.