Por: Luis Alberto Martínez, viceministro de Protección Social
Quienes sostienen que en salud no pasó nada durante el Gobierno del presidente Petro, desconocen una realidad respaldada por cifras. Sin haber permitido culminar el trámite legislativo de la reforma por parte de la oposición, el Ministerio de Salud fortaleció el financiamiento del sistema, llevó la atención médica a millones de hogares, modernizó hospitales, dignificó a los trabajadores de la salud, dio pasos hacia la soberanía farmacéutica y construyó un sistema de información sin precedentes.
El primer cambio fue financiero. El presupuesto para salud aumentó en cerca de 23 billones de pesos, la UPC creció por encima de la inflación y el giro directo a hospitales y clínicas pasó de 18,1 a 68,8 billones de pesos, reduciendo la intermediación financiera y permitiendo que los recursos llegaran más rápido a quienes prestan los servicios.
El segundo gran avance fue demostrar que la salud no puede seguir esperando a que las personas enfermen. Más de 14.400 Equipos Básicos de Salud llegaron a los 32 departamentos y atendieron directamente a 11 millones de hogares aproximadamente, consolidando un modelo de salud preventivo que acerca el Estado a los territorios más apartados.
A esto se suma una inversión histórica en la red pública hospitalaria. Más de 2.250 proyectos de infraestructura y dotación, 1.885 vehículos de transporte asistencial y el primer Buque Hospital Benkos Biohó reflejan una apuesta por cerrar brechas históricas y garantizar la atención en salud donde antes simplemente no existía.
También hubo avances para quienes sostienen el sistema. La remuneración para los internos de medicina convirtió en política pública una demanda de décadas. Alrededor de 8 mil futuros médicos reciben hoy un salario y seguridad social durante su práctica, dignificando una etapa esencial de su formación.
En materia de soberanía sanitaria, el país comenzó a reducir su dependencia del mercado internacional. La licencia obligatoria del dolutegravir, junto con la estrategia para fortalecer la producción local de medicamentos, representa un cambio estructural para garantizar el acceso a tratamientos esenciales.
Finalmente, la transformación también llegó a los sistemas de información. La interoperabilidad de la historia clínica electrónica, el Observatorio SI-APS y nuevos sistemas de trazabilidad financiera permiten seguir en tiempo real la atención, los contratos y el flujo de recursos, fortaleciendo la continuidad y la eficiencia en los tratamientos, así como la transparencia y la protección de los recursos del sistema.
Todos estos resultados se reflejan en la reducción de la mortalidad materna en 53 %, la mortalidad infantil cayó 35,5 % y las muertes de niños y niñas por desnutrición disminuyeron 73,1 %. Detrás de esos porcentajes hay madres que sobrevivieron, niños que crecieron y familias que recibieron atención a tiempo.
La discusión sobre la reforma a la salud seguirá siendo política. Pero los hechos muestran que muchas de sus transformaciones ya comenzaron. Más allá de las diferencias ideológicas, resulta difícil negar que el país recibió un sistema con más recursos, mayor capacidad instalada, mejor información y una presencia del Estado en los territorios que durante años fue apenas una promesa.
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