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En los últimos años, el panorama de las drogas ilícitas en Colombia, y en particular en ciudades como Medellín, ha cambiado radicalmente. Grupos criminales dedicados al tráfico de estupefacientes han innovado en la fabricación de sustancias cada vez más potentes y adictivas, sin detenerse ante los posibles daños a la salud de los consumidores. Según informes del Sistema de Alertas Tempranas (SAT) del Ministerio de Defensa, desde 2008 han surgido 64 nuevas sustancias psicoactivas, variando entre drogas sintéticas, cannabinoides manipulados genéticamente, y combinaciones químicas peligrosas, que buscan potenciar los efectos y facilitar la adicción.
Esta proliferación incluye variantes como la marihuana exótica, cuya concentración de tetrahidrocannabinol (THC) supera el 20% (frente al 5-15% de la tradicional) y cuyo precio en el mercado puede ser hasta doce veces más elevado que el habitual. Su consumo, anteriormente reservado a círculos exclusivos, ha ido ganando popularidad debido a sus efectos intensificados y formas de presentación sofisticadas, como su venta en tubos de ensayo. De acuerdo con Jorge Alonso Marín, presidente de la Asociación Colombiana de Toxicología Clínica, hoy se pueden identificar más de 700 sustancias en los mercados callejeros, muchas con combinaciones aún poco estudiadas.
Uno de los hallazgos más inquietantes es la aparición de la clefedrona, derivada de la familia de las catinonas. Esta droga, usada principalmente como adulterante del MDMA (éxtasis), busca elevar los efectos psicoactivos y se ha encontrado en laboratorios clandestinos del país. Hasta el momento, no existen reportes oficiales sobre sus daños físicos o neurológicos en organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS) o la Agencia Europea de Medicamentos (EMA). Sin embargo, investigaciones del SAT revelan que su consumo puede generar mayores episodios de euforia y alteración del comportamiento.
La innovación criminal ha llegado incluso a las aulas escolares: se ha detectado la venta de cocaína saborizada en los alrededores de colegios de Medellín, ofrecida a precios bajos para incentivar su consumo temprano entre jóvenes. El objetivo, según informes de la Policía Metropolitana y declaraciones de autoridades como el alcalde Federico Gutiérrez, es captar a los menores y provocar adicción precoz, lo que posteriormente incrementaría su disposición a pagar altos precios por el producto. Además, la presencia de sustancias adulterantes como xilacina, un sedante veterinario, y la inclusión de ketamina o mezclas complejas como el tusi, han encendido aún más las alarmas sanitarias por los graves estragos de salud que causan.
Las autoridades han señalado cómo algunas de estas sustancias presentan riesgos adicionales. Por ejemplo, la xilacina detectada tanto en el tusi como mezclada con otros opioides, puede llegar a causar depresión respiratoria, arritmias, e incluso la muerte. Investigaciones realizadas en el Laboratorio de Investigaciones en Análisis Instrumental Farmacéutico de la Universidad Nacional de Colombia confirman la sofisticación de las mezclas, muchas veces imposibles de rastrear en su totalidad, lo que incrementa el peligro para los consumidores.
El SAT y toxicólogos como Jorge Alonso Marín y Marie Claire Berrouet coinciden en que el tusi colombiano, a diferencia de su versión europea, es en realidad una combinación heterogénea de sustancias sintéticas, ansiolíticos y fármacos de diverso tipo que potencian tanto el efecto adictivo como los daños neurológicos y físicos. Las presentaciones comerciales cada vez más atractivas, junto a la normalización del consumo en entornos juveniles, refuerzan la necesidad urgente de identificar y controlar estas nuevas amenazas. El foco en la salud pública y en la protección de jóvenes y sectores vulnerables se ha vuelto central ante la sofisticación de estas estructuras delictivas y su capacidad para adaptarse a la demanda y eludir los controles institucionales.
¿Cuáles son los principales efectos de la marihuana exótica en comparación con la marihuana tradicional? La pregunta sobre los efectos de la marihuana exótica frente a la tradicional surge con frecuencia en los debates recientes sobre consumo de drogas en Colombia, ya que la primera ha aumentado progresivamente su presencia en el mercado. La marihuana exótica, según reportes de organismos como el SAT y testimonios de expertos citados en El Colombiano, destaca por su alta concentración de THC —el principal compuesto psicoactivo de la planta—, el cual puede potenciar los efectos eufóricos y alterar el comportamiento de manera más pronunciada que la variante tradicional.
El consumo de marihuana exótica puede llevar a un mayor grado de desinhibición, dependencias más fuertes y efectos secundarios mayores, entre ellos arritmias, problemas de presión arterial y complicaciones en la función renal, según toxicólogos. Además, la sofisticación en la presentación y distribución de esta variante la hace particularmente atractiva para sectores jóvenes, generando preocupación por el posible incremento en hospitalizaciones y problemas de salud pública asociadas a su uso.
* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.
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