Además del incumplimiento de su promesa de campaña de no modificar la Constitución, al presidente Gustavo Petro se le viene señalando de abjurar al no cumplir el juramento de cumplirla que hizo durante su posesión. En ese sentido, se indica que sus ideas de “proceso constituyente” y “poder constituyente” se saltan el Artículo 376 que establece los mecanismos y procedimientos para cambiar la Carta Política. Pero ahora, de discurso en discurso, el mandatario está dejando ver que desoye otro artículo constitucional que también juró cumplir al prometer que acataría el documento en su conjunto.
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Se trata del 188, que manda al presidente de la República simbolizar “la unidad nacional” y advierte que, “al jurar el cumplimiento de la Constitución y de las leyes, [el presidente] se obliga a garantizar los derechos y libertades de todos los colombianos”. El no acatamiento de esa orden viene quedando en evidencia con intervenciones del jefe de Estado como la del Día del Trabajo, en la que, para descalificar las manifestaciones en su contra el 21 de abril, las catalogó como marchas “de la muerte” y organizadas por la “oligarquía”.
A esa intervención la han calificado como una de las más divisivas y hostiles del mandatario desde que se posesionó el 7 de agosto de 2022. Es cierto que su discurso del pasado Primero de Mayo encendió, de nuevo, a sus bases, que se sumaron a las tradicionales manifestaciones de los trabajadores. Pero también consiguió un efecto contrario: darle más ánimo también a sus opositores, por lo que se espera que lo que le quede de mandato estará marcado por la efervescencia polarizada en las calles.
Gustavo Petro y los cachacos
En las últimas horas, el mandatario se refirió al grave escándalo de los carrotanques de La Guajira, que involucra directamente a su Gobierno, pues se trata de dos exfuncionarios —Olmedo López, exdirector de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo (UNGRD), y Sneyder Pinilla, subdirector de la entidad— que habrían dirigido 4.000 millones de pesos del contrato de adquisición de esos vehículos hacia el Congreso para impulsar la aprobación de las reformas que plantea Petro, salpicando a varios altos cargos del Ejecutivo y amenazando con identificar a más involucrados.
Precisamente en La Guajira, el mandatario se refirió a ese caso de corrupción, pero, para tomar la mayor distancia posible, volvió a pronunciar un discurso en el que divide a los colombianos. “Caídos los decretos, hay que imponer de todas maneras las decisiones hechas con la comunidad y no echarnos para atrás. Ahora cuando lo intentamos, nos surgió el segundo problema: los cachacos que mandamos aquí, al parecer, no soy juez, buscaron fue robarse la plata”, dijo.
Es natural que cualquier orador emplee términos que resulten familiares y comprensibles para su auditorio. Y el presidente Petro lo sabe muy bien porque conoce al dedillo las estrategias de hablar en público. Pero al mencionar “cachacos”, más allá de sintonizarse con un público costeño (donde el término se usa de manera despectiva para referirse a la gente del interior del país) y dar a entender que el mandatario es más costeño que cachaco, lo que hace es reiterar su estrategia de dividir.
Acentuar las regiones y los regionalismos (Antioquia se queja de la discriminación y el maltrato del presidente) de una manera negativa y maniquea no permite que los colombianos se reconozcan en la diferencia propia de la multiculturalidad del país, sino avivar la pugnacidad interna. Una clara muestra de la indiferencia por el Artículo 188 de la Constitución que le ordena al presidente de la República todo lo contrario.
Esa actitud del mandatario, además, remarca el binomio compuesto por los conceptos ‘nosotros’ y ‘ellos’ o los ‘otros’, que permite a ciertos grupos sociales definirse a sí mismos con base en la existencia de una ‘otredad’ (de los otros). Y puede tener una carga negativa cuando esas diferencias, ya sea que existan o no en la realidad, dan para estigmatizar y discriminar a ‘ellos’ o los ‘otros’.
Alejandra Barios, directora de la Misión de Observación Electoral (MOE), dijo en Noticias Caracol sobre el discurso del presidente Petro: “Lamentable el pronunciamiento del presidente de la República. No solo como se señala, es el presidente de absolutamente todos los colombianos. Pero cuando uno ve todas las personas que están involucradas, no es un tema de ‘cachacos’. Es un tema de cuáles son las responsabilidades que tiene cada una de las instituciones del Estado”.
“En el Ejecutivo, en cabeza del presidente de la República, está la responsabilidad de nombrar las personas idóneas, con una ejecución pública y privada que sea completamente transparente con conocimientos técnicos de los temas para que tenga la mejor gestión posible. Esa es la responsabilidad del Ejecutivo”, agregó Barrios en el mismo medio, de lo que se puede concluir que lo que hacen los funcionarios son actos del Gobierno al que pertenecen.
Hace seis años, cuando se armó una coalición con miras a las elecciones legislativas y presidenciales de 2018, el hoy presidente Petro invitaba a votar así: “Este 11 de marzo, vote por gente decente, no vote por los corruptos al Congreso de la República. En Senado y Cámara, vote por Decentes”. De ese partido hacía parte Olmedo López, principal actor (los demás aún permanecen en la sombra) de uno de los peores escándalos que ha enfrentado el Gobierno en sus menos de dos años de gestión. En ese momento, no importó que López fuera “cachaco”.
Qué se sabe de la participación de Petro en una película
El presidente Gustavo Petro será el primer presidente en aparecer en una película. Ningún mandatario en ningún país del mundo usó su cargo para estar en un papel dentro de un filme, pero el mandatario colombiano sí lo hará. Se sabe que el presidente saldrá como un extra dentro de una de las escenas de la película que relata la historia del almirante Padilla, en la época de la descolonización, y que la película se graba con recursos público: una parte los entregó RTVC y la otra, el Ministerio de las TICS. Detrás de la película está la productora Valencia Producciones FX y hay varias personalidades del cine y la televisión colombiana involucrados en su realización. En total, la película tiene un contrato en el Secop firmado por casi 4 millones de dólares para su ejecución.
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