Nota del editor: este artículo se basó en la primera versión sobre lo que aparentemente mostraba dicha fotografía, que fue difundida por El Heraldo en su primera página el martes 14 de mayo. Sin embargo, luego de conocerse la realidad de los hechos se publicaron otros artículos para aclarar la situación: en uno de ellos el policía que auxilió al vigilante desmiente el supuesto robo y afirma que el joven le brindó primeros auxilios al herido, y la otra con las declaraciones del joven acusado en las que aclara que él solo desabrochó el reloj de la víctima para tomarle el pulso. También se informó que el diario regional estaba buscando al joven e imágenes de cámaras de seguridad que ayudaron a esclarecer los hechos.

La víctima, Javier Alberto Julio Peña, que trabajaba en la empresa de seguridad privada Atenas, fue atacada por la espalda cuando prestaba su servicio en un local de la empresa Súper Giros, detalló el diario barranquillero en un primer informe sobre el hecho.

Dos hombres que iban en moto le dispararon a Julio Peña en cuatro oportunidades, añade la nota de El Heraldo. El hombre cayó al piso, y allí permaneció unos instantes antes de ser llevado al Hospital Barranquilla, a donde, por la gravedad de sus heridas, llegó muerto.

A la tristeza que provocó el deceso del vigilante se sumó después la imagen captada cuando estuvo tirado en el piso.

Hasta donde estaba tendido Julio Peña llegó un policía, cuya angustia y desesperación por salvarle la vida quedaron en la sobrecogedora imagen.

Pero al dramático cuadro lo enriquece un detalle que tampoco pasó inadvertido para la lente: en segundo plano, un hombre, al parecer, joven, aprovecha que Julio Peña estaba con los brazos abiertos y extendidos, y con un gesto de profundo dolor, para quitarle el reloj.

La elocuencia de la fotografía es contundente. Tanto, que el director del diario barranquillero, Marco Schwartz, confesó después en Twitter que “no fue fácil la decisión” de publicarla en la apertura de la primera página del impreso.

¿Por qué la duda? La respuesta a esta pregunta se evidencia en los comentarios que le hicieron a Schwartz en esa red social, donde él también compartió la primera página del diario con el post “La solidaridad y la bajeza humanas en un mismo instante”.

La indecisión de Schwartz pudo estar animada por su deseo de no caer en el amarillismo. Pero lo hizo, y en redes lo respaldan con interesantes conceptos como estos: “[La foto] nos muestra, o nos confirma, que hay muchos miserables caminando entre nosotros”; “Hay cosas que, aunque duras y dolorosas, es necesario mostrar”; “Acertada decisión en publicar la foto, aún más con el texto aclaratorio”, “Publicar esta foto no es amarillismo sino un despertar conciencias”; “Es Colombia resumida en una foto”, y muchos más.

Pero más allá de que la imagen le plantee al periodista el dilema de publicarla o no, algo con lo que se enfrentan los medios todos los días, pone en evidencia la misma condición humana que, como en este caso, también se manifiesta en los accidentes aéreos y de carretera, en donde algunas personas, como hienas, no acuden a socorrer a los necesitados, sino a apoderarse de sus pertenencias.