El texto de Alejandro Ordóñez lo publica el diario capitalino en momentos en que el país debate la despenalización del aborto. La postura del Gobierno al respecto se conoció en las últimas horas y consiste en mantener las tres causales del aborto, pero no despenalizar ese delito que está contemplado en el Código Penal.

Esa postura se materializó en un concepto del viceministro de Justicia, Francisco Chaux, que dice que la definición sobre si se modifica el artículo del Código Penal relativo al tema debe quedar en manos del Congreso. Pero, además, se pregunta por qué sí resulta constitucionalmente razonable castigar penalmente a quienes maltraten animales y por qué no puede ser posible imponer medidas sancionatorias “destinadas a proteger la vida del humano no nacido”.

Lo curioso es que ese es un raciocinio que retoma Ordóñez en su columna. Solo que antes de esgrimirlo busca a toda costa sensibilizar a quienes lo leen, y para lograrlo apela en los párrafos iniciales a la persuasión (propia del ámbito de los sentimientos y las sensaciones) antes que a la razón, para la cual se deben emplear argumentos.

“Tras dilatar el cuello del útero de la mujer y después de romper los huesos de un ser humano que se resguarda en el cuerpo de otro ser humano (que en otra historia habría llamado madre), el bebé es succionado y sus restos terminan quebrados y sangrantes en la potente máquina aspiradora”, escribe Ordóñez en la columna que publica El Tiempo. “A veces es necesario cortarlo en pedazos con instrumental quirúrgico o quebrar su cráneo para lograr la extracción”.

En retórica, esas formas de exposición corresponden a lo que especialistas califican como ‘presencia’, un factor esencial a la hora de persuadir (y hasta de convencer, que es diferente) porque busca mostrar un hecho o una idea casi como una experiencia sensorial. Apelan a los sentidos y sentimientos en lugar de a la razón. Tocan la fibra sensible.

“En ocasiones [el feto] debe ser envenenado con una solución que le causa hemorragia cerebral, quemaduras y convulsiones antes de que se produzca un parto inducido”, añade el exprocurador en su dura descripción. “Puede también ser decapitado. En algunos casos, nace tras un procedimiento de cesárea y simplemente se deja correr el tiempo para verlo morir. Eso se llama aborto […]”.

El recurso empleado por Ordóñez llamó la atención de los periodistas de Blu Radio, que lo comentaron. Néstor Morales calificó en principio la columna como “descarnada” describiendo “casi clínicamente cómo es un aborto”. Pero después ajustó su opinión: “Esa descripción que hace Ordóñez [es] un poquito pasada de tono, un poquito amarillista para mi gusto”.

Pero, además, hace una observación que aproxima a sus justas proporciones el texto del también embajador de Colombia ante la OEA. La descripción de Ordóñez —dice Morales— “es de un aborto a un cuerpo que ya tiene meses de gestación”.

Ricardo Ospina, compañero del Morales, habló así del texto: “Los primeros tres párrafos son como una fotografía de las que se utilizan por parte de las organizaciones en contra del aborto para persuadir a quienes están a favor”.

“¡Qué paradoja! Los ríos tienen derechos, los animales tienen derechos; los únicos que carecen de todo derecho son los seres humanos que están por llegar […]”, dice Ordóñez en otro aparte de su columna y evoca la posición del Gobierno en este debate.

Claro que Ordóñez usa también argumentos (busca convencer a través de la razón) como cuando critica el uso de los teléfonos celulares, a Netflix, a las redes sociales, a la prensa y a “los infinitos espacios de opinión enseñan”, porque “nadie lo ve” (el aborto), o, peor, “nadie parece querer verlo […] como realmente es, la violencia más cobarde de todas en contra de un ser humano indefenso […]. Quien se atreva a publicarlo será señalado de difundir ‘material sensible e inapropiado’ y corre el riesgo de que sus cuentas sean censuradas. Todo vale en nuestra sociedad actual, menos el poner en evidencia esta barbarie”.

O cuando escribe cosas como “Lo que lamentablemente sí vale en el mundo de ahora es olvidar que un niño irrepetible, que es asesinado en el mismo vientre de su madre, es el centro absoluto del problema”. O cuando asegura: “Compleja labor para los togados, pues uno de los fines de la Ley Positiva es proteger a los débiles frente a los poderosos, y el aborto lo invierte todo”.

Pero al concluir su texto, Ordóñez recurre de nuevo a la persuasión buscando llegar a la sensibilidad de sus lectores, aunque ya no de una manera tan fuerte (“un poquito amarillista”, para el gusto de Néstor Morales) con la que comienza su texto, sino remitiéndolos a un pasaje de la crónica ‘Lunes, 22 de julios de 1985’, que Jorge Luis Borges escribió para referirse a la tortura a la que fue sometido un hombre que estaba en la cárcel, y que publicaron, entre otros medios, El País, de España.

Ese tema y el aborto paren no guardar ninguna relación. Pero a Ordóñez la cita de Borges le pareció “oportuna”, así como le pareció oportuno contar que derramó “dos lágrimas” al reflexionar “sobre eso que ocurre ahora y es tan parecido en su infinita crueldad… sobre eso que se llama aborto”.