Gómez también dice en su escrito que el Estado de opinión es “la manera como la derecha se permite alentar una revolución sin ‘untarse’ de izquierda. Es ese estadio delirante en que la horda, tea en mano, arrasa con la ley y el orden, clamando su defensa. Es fácil abrir las puertas del infierno, lo difícil es cerrarlas”.

Este columnista coincide con María Jimena Duzán, que, en su columna de la revista Semana, también criticó la tesis de Uribe, expuesta nuevamente la semana pasada en una entrevista con W Radio en la que manifestó su respaldo al referendo promovido por Herbin Hoyos para acabar con a JEP y las altas cortes, otra idea que auspicia el exmandatario.

“El Estado de derecho ya no satisface al expresidente Álvaro Uribe, así que por enésima vez exhibe en la vitrina un producto que, cual televenta, se presenta como indispensable: el Estado de opinión”, escribe Gómez, y plantea lo que diferencia uno de otro Estado: “En el Estado de derecho, todos estamos sometidos a la ley. En el Estado de opinión, todos estamos sometidos a todos, y a quien demuestre más efectividad en la tarea de amasarnos mientras nos hacen creer que somos ingredientes únicos. En el Estado de opinión, el senador [Uribe] nos invita a pensar que él tiene la cura, cuando la cura es él y solo él”.

Algo similar dijo Duzán en su columna de Semana: “Según Uribe, al Estado de opinión no hay que temerle porque significa más democracia, ya que permite la participación de la opinión. Miente. Lo que él denomina Estado de opinión no es una expresión superior del Estado de derecho, sino de lo que él piensa. Esa, la opinión que refleja su pensamiento, la que es manipulable, que odia cuando se le ordena odiar y que está entrenada para responder como un perro de caza, es la única que él reconoce”.

“El Estado de opinión no está diseñado para entenderse del todo con la democracia”, sigue Gómez en su columna. “Es un eufemismo para permitir a una élite modificar las reglas supremas, con diseño sobre medidas a sus necesidades e intereses”.

Además, hay otro curioso aspecto en el que coinciden Gómez y Duzán. Ella hace una analogía y compara a Uribe con Daenerys Targaryen, la reina de los dragones en la serie ‘Juego de tronos’, que “prendió fuego a su propio pueblo convencida de que así salvaba al mundo de la opresión”, y que finalmente murió acuchillada por Jon Snow.

Gómez es más directo y gráfico: “La opinión es un potro desbocado que corre pisoteándolo todo, sin detenerse ni siquiera frente a un abismo. Tanto así que los cambios generados por el Estado de opinión […] tendrían como primera consecuencia una respetable ironía: que rodaran las cabezas de quienes lo empollaron”.