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Escrito por:  Fabián Ramírez
Subeditor     May 9, 2026 - 12:14 pm

La muerte de Germán Vargas Lleras este viernes 8 de mayo reveló una realidad que el político más recio de Colombia se esmeró en proteger: su fragilidad física. Mientras en los estrados públicos seguía cuestionando las reformas del Gobierno, en la intimidad de la Fundación Santa Fe y el Centro de Tratamiento Luis Carlos Sarmiento Angulo, el exvicepresidente libraba una batalla desigual contra un cáncer de cabeza que prefirió asimilar en silencio.

Su familia, encabezada por su hija Clemencia y su hermano Enrique, levantó un muro de prudencia y aislamiento. Vargas Lleras, fiel a su carácter fuerte, no permitió que el país lo viera en una cama de hospital. Sus ingresos a cuidados intensivos se manejaron bajo estricta reserva, incluso cuando una infección urinaria lo complicó en marzo de 2026.

A pesar de los antecedentes médicos, como el meningioma que superó en 2016 y las graves fracturas tras un accidente en bicicleta en 2022, el 2025 fue el año del declive definitivo. Recorrió departamentos como Huila, Tolima y Caquetá con el “fantasma” de sus dolencias a cuestas, esquivando con una tímida sonrisa las preguntas sobre su candidatura presidencial para 2026.

La quimioterapia obligó a la desaparición de su cabello, un cambio físico que el país notó en sus últimas apariciones públicas, donde se le vio usando gorra y con el rostro transformado por el tratamiento.

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En medio del dolor, Vargas Lleras encontró paz en su finca de Bojacá, Cundinamarca. Allí, rodeado de sus perros —como el recordado bulldog francés ‘Manchito’— y sus libros de aventuras de mar, vivió sus momentos más humanos. Su última gran alegría fue su nieto Agustín. La fotografía de su primera Navidad juntos, en diciembre de 2025, queda hoy como el testimonio de un hombre que, aunque se preparó toda la vida para gobernar un país, terminó sus días enfocado en el legado de su propia sangre.

El retiro de su influyente columna en El Tiempo en febrero de 2026 fue la señal de alerta definitiva. Su voz, siempre aguda y punzante, se fue apagando hasta este viernes, cuando el cáncer que decidió combatir sin cámaras ni comunicados oficiales, finalmente le ganó la última batalla.

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