El equipo de reporteros que hizo las investigaciones habló con El Espectador y contó que comenzó a recibir varias amenazas en 2018, mientras la revista divulgaba entregas sobre corrupción en las Fuerzas Militares.

Según el grupo periodístico, cuando fue publicada la columna de Daniel Coronell, en la que cuestionó que Semana no divulgara la información de las directrices del general (r) Nicacio Martínez para doblar los resultados operativos en 2019, empezaron a recibir varias llamadas en las que les decían: “Sabemos lo que está haciendo; cuídese, no se ponga de sapo”.

Destacan que las llamadas ocurrían un par de veces a la semana, pero después “pasaron a ser diarias e incluían amenazas de muerte” que terminaron llegando también a sus fuentes.

El rotativo resalta que cuando Semana publicó otra investigación sobre las Fuerzas Militares, llamada Operación Silencio, la situación se tornó más complicada, sobre todo para el líder periodístico de ese grupo (que no fue identificado por el diario).

El investigador de Semana contó que una semana después llegaron varios sufragios a su casa y a la de sus familiares, al tiempo que las llamadas y los mensajes de texto amenazantes aumentaron.

Además, los periodistas le dijeron a El Espectador que después de publicar un nuevo trabajo titulado Las ovejas negras, notaron que los seguían y que quienes lo hacían no lo disimulaban para demostrar “que estaban encima […] con el fin de intimidar”.

Los reporteros contaron que trataron de rastrear las llamadas amenazantes que recibían, pero estas se hacían desde celulares con los que se venden minutos desde varios sectores de Bogotá, por lo que fue imposible seguir el rastro.

No obstante, el líder del equipo de reporteros sí pudo determinar cómo era que llegaban los sufragios a su casa. Gracias a las cámaras de seguridad, encontró a un mensajero de Rappi que fue a dejarle un sobre.

Cuando lo contactó, el ‘rappitendero’ le dijo que lo contactaron 2 hombres “que estaban afanados para entregar un sobre cerrado”.

El hombre le confesó que le pagaron 50.000 pesos por dejar la amenaza en su casa. Después de eso, pensando en su seguridad, el periodista tuvo que poner más cámaras alrededor de su casa y, además, decidió sacar a su padre de Bogotá.

Como si fuera poco, el líder del equipo investigativo se enteró, por casualidad, de que habían contratado a dos sicarios para asesinarlo.

Según el diario bogotano, el periodista de Semana fue contactado por “viejas fuentes del CTI” que le dijeron que, en medio de una investigación sobre una red de sicariato, se habían dado cuenta de que un coronel del Ejército lo estaba buscando para matarlo.