Jóvenes bailando, fiestas nocturnas, puestos de comida abarrotados y embotellamientos vehiculares por todas partes, ese es el paisaje que se vive en Wuhan seis meses después de haber controlado la propagación del virus.

El movimiento nuevamente se ha adueñado de las calles de la ciudad, que estuvo cerca de 80 días en confinamiento obligatorio estricto. Una escena que contrasta con la multitud que acudía en masa a los hospitales durante el invierno, angustiada por el COVID-19.

Mientras que el tapabocas es obligatorio en Berlín, París, Londres, Nueva York y Madrid, en Wuhan es cada vez menos utilizado este elemento de protección, al igual que los trajes y gafas de bioseguridad.

Los turistas, adicionalmente, volvieron a la Torre de la Grulla Amarilla, uno de los monumentos emblemáticos de Wuhan. No obstante, el retorno a la normalidad no es completo y la actividad económica continúa afectada.

“En la primera mitad del año, solo reactivamos ciertos proyectos que estaban previstos antes de la epidemia. El volumen de negocio se vio fuertemente reducido”, manifestó Hu Zeyu, empleado de una agencia inmobiliaria, en AFP.

Muchos colaboradores del mercado húmedo de Huanan, donde supuestamente apareció el primer foco del coronavirus, continúan sin trabajo debido a que el establecimiento comercial se mantiene cerrado.