El Espectador es el periódico más antiguo del país, fundado el 22 de marzo de 1887 y, bajo la dirección de Fidel Cano, es considerado uno de los periódicos más serios y profesionales por su independencia, credibilidad y objetividad.
La frontera entre la realidad y la ficción ha sido siempre difusa, especialmente cuando la literatura y el periodismo narrativo traban una relación sutil con la verdad. Según lo expresado en el texto proporcionado, toda narración es, en última instancia, una construcción. Incluso los géneros que buscan apegarse al realismo, como el periodismo narrativo, se ven atravesados por la subjetividad del lenguaje y la perspectiva de quien narra. El simple hecho de poner acontecimientos en palabras convierte la historia en un nuevo artefacto, inevitablemente separado de los hechos originales. Así, tanto el periodismo como la literatura ejercen un poder de persuasión sobre la audiencia, que puede verse seducida por relatos tan verosímiles que resultan difícilmente distinguibles de la realidad.
Este fenómeno se acentúa todavía más en la literatura fantástica. Desde la mirada de una lectora compulsiva de este género, el pacto que exige el fantástico es mucho más intenso: se trata de aceptar la existencia de universos alternos, reglas distintas y seres imposibles, como ocurre en obras icónicas como El señor de los anillos, La guerra de las galaxias o Harry Potter. Aquí, el lector debe abrazar conscientemente la premisa de un mundo extraño, depositando su confianza en el relato aunque desafíe los límites de lo posible. Este acto de fe convierte al lector en un participante creativo, capaz de transformar lo increíble en plausible dentro del marco de la obra.
La recompensa de esta exigencia es proporcional al esfuerzo: como plantea el texto, cuanto mayor es la entrega y la suspensión de la incredulidad, mayor es la intensidad de las emociones experimentadas. El lector se sumerge en un espacio que se asemeja a una “intemperie emocional”, en el que la ausencia de certezas y referentes cotidianos permite vivir la historia con una implicación análoga a las grandes pasiones humanas. El territorio del fantástico es, por tanto, un espacio para la exploración subjetiva, donde la imaginación y la interpretación juegan un papel preponderante.
El teórico literario Tzvetan Todorov es referido aquí como un exponente de la interpretación activa de lo fantástico. Según esta lectura, el lector debe ejercitarse hasta naturalizar esa apertura a lo extraordinario, al punto de incorporarla de modo inconsciente. Así, la lectura del fantástico se convierte en una experiencia no contradictoria, sino perfectamente legítima y hasta natural para quienes han entrenado su mirada para aceptar lo insólito como parte de la literatura. Este proceso pone de manifiesto la riqueza y el desafío de los relatos fantásticos como un fenómeno universal y profundamente humano.
¿Qué se entiende por suspensión del verosímil y por qué es fundamental en la literatura fantástica?
La idea de la suspensión del verosímil hace referencia a la disposición consciente del lector para aceptar como posible aquello que, en el mundo cotidiano, sería considerado increíble o irreal. En la literatura fantástica, este concepto es esencial porque el relato desafía las reglas usuales de la realidad. Según lo expuesto en el texto, entregarse a este pacto narrativo implica abrazar sin reservas la lógica interna del universo presentado, sin cuestionar la existencia de objetos, lugares o situaciones extraordinarias.
Esta actitud voluntaria es lo que permite que obras como El señor de los anillos o Harry Potter sean vividas de manera intensa y significativa. La suspensión del verosímil, por tanto, no solo facilita la entrada al mundo fantástico, sino que también enriquece la interpretación y la experiencia emocional del lector, a la vez que lo convierte en un agente activo dentro de la construcción del significado de la obra.
* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.
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