El Colombiano es un grupo editorial multiplataforma con más de 110 años de existencia. Nació en la ciudad de Medellín en Antioquia. Fundado el 6 de febrero de 1912 por Francisco de Paula Pérez, se ha especializado en la investigación y generación de contenidos periodísticos para diferentes plataformas en las que provee a las a...
Hace una década, el escritor argentino Pedro Mairal irrumpió con fuerza en la escena literaria gracias a La Uruguaya, una novela que explora las tensiones existenciales de su protagonista en medio de una travesía clandestina entre Buenos Aires y Montevideo, bajo el trasfondo histórico del corralito financiero. La obra, que combina el uso de la primera y segunda persona, relata cómo un hombre se sumerge en una peligrosa operación con dólares, aunque lo que aflora realmente es el viaje introspectivo y la autorreflexión sobre los deseos y frustraciones personales. La Uruguaya tuvo un enorme éxito, tanto así que fue llevada al formato cinematográfico y está disponible en Netflix, consolidando a Mairal como un referente literario contemporáneo (información recogida por El Colombiano).
En años posteriores, Mairal mantuvo una actividad creativa constante, publicando poesía, crónicas, cuentos y hasta canciones, aunque gran parte de este trayecto lo hizo permaneciendo al margen de la industria editorial masiva. Es dentro de este contexto que, a finales del año pasado, presentó su más reciente novela: Los nuevos (Emecé, 2025). Aunque fue anunciada como su regreso a la novela tras una década, la trayectoria de Mairal revela una persistencia silenciosa al margen del mercado más visible, una resistencia creativa que va más allá de la producción de grandes éxitos editoriales.
Los nuevos se estructura a partir de la voz de tres jóvenes: Thiago, Bruno y Pilar, quienes representan con autenticidad la compleja transición hacia la adultez. Thiago, abatido y en carne viva tras la muerte de su madre, enfrenta la hostilidad de una playa dominada por la clase media alta argentina, mientras se siente abandonado por su amigo Bruno, exiliado en las nieves de Wisconsin, Estados Unidos, para estudiar Economía. Bruno, bajista, es retratado con distancia narrativa, lo que enfatiza su alienación y soledad como inmigrante universitario, sumergido en la cultura y música local, donde la amistad y la comida mexicana suavizan su aislamiento. Pilar, por su parte, irrumpe con su deseo de filmar la verdadera vida, eligiendo como objeto de su cámara a una empleada doméstica, una decisión que desvela las jerarquías y sensibilidades de la familia argentina.
Según Mairal, la novela nació de rescatar la voz auténtica de los 19 años, evitando un retrato etnográfico de la juventud actual, pero recuperando constantes emocionales que atraviesan generaciones. El dolor del primer desamor, la sensación de incomprensión por parte de los adultos y el redescubrimiento del mundo al salir del universo familiar constituyen el núcleo de esta obra coral, donde los protagonistas se emancipan de las figuras paternas y del pasado común.
La soledad y el autoconocimiento articulan estas historias, que mezclan música, amistad, familias fragmentadas y el vaivén entre pertenencia y desarraigo. Mairal juega con la estructura narrativa como si la novela fuese una carta prolongada, una confesión intensa escrita en medio de un incendio emocional, reflejando así la volatilidad y autenticidad del tránsito hacia la madurez.
¿Cuáles son los desafíos de retratar la juventud contemporánea en la literatura?
Interrogarse sobre la representación de los jóvenes en la literatura adquiere hoy especial relevancia por la rapidez con que las formas de comunicación, las referencias culturales y el acceso a las redes sociales transforman la experiencia vital. Según el propio Pedro Mairal, el desafío consiste no tanto en retratar fielmente las modas o lenguajes de una generación –algo que podría volverse obsoleto con rapidez–, sino en captar las emociones universales que atraviesan la juventud, como la soledad, la búsqueda de identidad o el quiebre con el mundo adulto.
La novela Los nuevos ofrece así una perspectiva valiosa sobre estos dilemas, priorizando las sensaciones y preguntas esenciales de esa etapa vital, por encima de los aspectos anecdóticos o superficiales. En este sentido, retratar la juventud en la literatura implica asumir el reto del equilibrio entre lo particular de cada época y lo universal de la experiencia humana.
* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.
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