Para Oriana del Mar Rivera Susa, la risa es mucho más que un impulso momentáneo o una simple respuesta emocional; es, en realidad, una manera profunda de entender y habitar el mundo. Su historia inicia en Armenia, Quindío, donde el arte vibraba en el ambiente de su hogar gracias a sus padres, ambos activos en el teatro. La infancia de Oriana transcurrió rodeada de zancos, comparsas y escenarios, experiencias que marcaron su destino, aunque el universo del clown se cruzó en su camino casi por casualidad.
Creció inmersa en el teatro comunitario y en pedagogías artísticas, participando desde joven en los procesos creativos del grupo Caja de Pandora, al lado de su hermano. Su formación artística atravesó espacios significativos como el Teatro Itinerante del Sol con la maestra Beatriz Camargo, y se completó con diplomados en dirección teatral, artes plásticas y pedagogía. Finalmente, consolidó su trayectoria al titularse como artista escénica en la Universidad de Antioquia.
Pese a ese sólido recorrido teatral, la payasería no estaba en sus planes iniciales, e incluso admitía sentir miedo ante los payasos. Sin embargo, la invitación a un proyecto de clown hospitalario la impulsó a vencer su temor y descubrir el poder de la risa en contextos adversos como los hospitales. Según relató Oriana en Crónica del Quindío, esa experiencia la hizo descubrir la capacidad del humor para construir momentos de alegría y acompañamiento en circunstancias difíciles.
A partir de ese momento, su trabajo se expandió, combinando la escena a nivel nacional e internacional, la gestión cultural y la investigación. Su iniciativa más emblemática es el Laboratorio Femenino de la Risa, concebido después de la pandemia con el propósito de crear espacios de formación y reflexión para mujeres y niños. Oriana enfoca la comicidad como una herramienta para cuestionar estereotipos, liberar emociones y transformar realidades, resignificando lo que tradicionalmente se percibe como error o vulnerabilidad.
Uno de sus logros artísticos más destacados es la obra "La lavandería", un unipersonal de clown sin palabras. Mediante la gestualidad y elementos poéticos como la ropa convertida en personajes, Oriana aborda problemáticas como el maltrato laboral, la sobrecarga femenina y las violencias cotidianas, invitando al público tanto a reír como a reflexionar sobre sus propias vivencias. Su arte busca siempre la honestidad y el encuentro consigo misma, burlándose de sus propias inseguridades y miedos, lo que permite una conexión genuina con el público, según detalló en su entrevista.
Además de madre y artista, Oriana se reconoce como gestora cultural. Representa a Colombia en festivales latinoamericanos, articulando una red de mujeres payasas que buscan nuevas formas de narrar la mujer y su lugar en la comedia. Su proyección a futuro incluye que el festival de clown femenino gane mayor renombre y que su obra siga abriendo caminos para otras creadoras.
En la actualidad, Oriana está desarrollando una obra destinada a abordar la salud mental infantil a través del humor, un desafío complejo que asume desde la convicción de que la risa puede ser también un acto de resistencia y sanación.
¿Qué significa el clown y cómo transforma a quienes lo practican?
Comprender el clown implica reconocerlo como una técnica escénica centrada en la comedia física, en la que el artista explora la vulnerabilidad y el error como fuentes de humanidad. Esta disciplina va más allá del disfraz rojo y permite desarmar prejuicios, expresar emociones y comunicar sin palabras, conectando con el público de manera directa y honesta. En el caso de quienes, como Oriana del Mar Rivera Susa, lo incorporan a su vida y trabajo, el clown se convierte en un espejo sincero y sanador, invitando no solo a la risa superficial, sino a una profunda reflexión y empatía. ¿Hasta qué punto puede el clown transformar la percepción de la vida cotidiana de quienes lo ejercen y de sus espectadores?
* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.
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