Por: LA CRONICA DEL QUINDIO

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Este artículo fue curado por pulzo   Ene 15, 2026 - 5:49 am
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Juan Carlos Bastidas Mora, conocido en el ámbito artístico como “Jota Unok”, ha dejado una huella indeleble en la escena del arte urbano, destacándose tanto como grafitero, diseñador audiovisual y artista de arte corporal. Originario de Pasto, Nariño, Bastidas encontró desde su adolescencia una conexión profunda con el hip hop, especialmente con el grafiti, que no solo le permitió manifestarse y reclamar su espacio simbólico, sino que se convirtió en su principal herramienta de expresión. Este compromiso con el arte lo condujo a una formación profesional, decidiendo especializarse en diseño gráfico en la Institución Universitaria EAM, una decisión clave para expandir el alcance y la calidad de su obra, según relata a Crónica del Quindío.

La llegada de “Jota Unok” a Armenia en 2018 marcó el inicio de una historia de encuentro y transformación. Armenia se le presentó como una “ciudad lienzo”, con espacios ideales y receptivos para intervenir desde el arte urbano. Seducido por el entorno y la gente del Quindío, Bastidas se estableció en la región y, desde entonces, su firma se repite con fuerza en los muros, túneles y fachadas de la ciudad. Su trabajo trasciende lo puramente visual: crea un diálogo entre el entorno urbano, sus habitantes y las emociones colectivas, viviendo el arte como un proceso vital más allá de la pura autorreferencia.

El recorrido de Bastidas va desde el grafiti tradicional —enfocado en la firma, el nombre y la identidad del artista— hasta el muralismo y el arte público, donde el acto de pintar implica necesariamente una interacción responsable con la comunidad y el espacio intervenido. Actualmente, lidera el colectivo Instinto Graffiti, una iniciativa que busca organizar, formar y abrir espacios colectivos para el arte urbano en la región, transformando la calle en una auténtica escuela y un museo al aire libre. Para “Jota Unok”, el arte no solo debe embellecer, sino también edificar tejido social y sentido de pertenencia.

En su diálogo con Crónica del Quindío, Bastidas expone que su aproximación al grafiti fue inicialmente una obsesión juvenil por dejar su marca, pero la práctica y el contacto con diferentes estilos urbanos lo llevaron a transformar esa pasión en carrera y oficio. Su presencia se ha extendido por distintas regiones del país —Bogotá, Cali, Medellín, Barranquilla, Cúcuta y más— lo que le ha permitido intercambiar experiencias, enfrentar dificultades e integrarse a nuevas culturas, consolidando una red de creadores a nivel nacional.

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Momentos clave como su participación en la intervención de los túneles de La Línea, durante la pandemia y de la mano de Invías (Instituto Nacional de Vías), cambiaron su percepción sobre el grafiti, dándole un impulso definitivo para asumirlo como proyecto de vida y empresa cultural. Para Bastidas, pintar en espacios de gran formato y colaborar en equipo consolidó la idea de que el arte puede ser tanto una convicción personal como un motor de desarrollo regional.

Sus proyectos actuales, especialmente a través de Instinto Graffiti, apuntan a consolidar el arte urbano como un proceso estructurado en Armenia y el Quindío, promoviendo la formación, la colaboración y la permanencia del legado artístico. Su visión contempla una ciudad en la que los murales y el arte callejero no solo embellecen, sino que también educan y cohesionan a la comunidad, transformando el espacio público en patrimonio colectivo.

Para Bastidas, el arte es una escuela de carácter, una necesidad vital y un camino de honestidad. Insiste en que más allá de la búsqueda de fama, el verdadero motor está en la disciplina, la organización y el deseo genuino de expresarse, convencido de que vivir del arte no solo es posible, sino necesario cuando se hace con sentido y compromiso.

¿Por qué son importantes los colectivos como Instinto Graffiti para el desarrollo del arte urbano?

La aparición de colectivos como Instinto Graffiti responde a la necesidad de formalizar y organizar la práctica del arte urbano, un movimiento que históricamente ha surgido de la espontaneidad individual y la acción anónima. Según el testimonio de “Jota Unok”, estas agrupaciones permiten no solo sumar talentos y estilos diferentes, sino también proyectar el arte callejero como una actividad legítima, fortaleciendo la formación, la cooperación y el diálogo con las comunidades.

El aporte de estos colectivos es fundamental para profesionalizar el arte urbano y garantizar su sostenibilidad en el tiempo. A través de procesos de formación, gestión de espacios y construcción de una identidad cultural propia, el arte urbano deja de ser visto únicamente como expresión rebelde y se convierte en un agente transformador del tejido social, uniendo artistas y ciudadanía alrededor de objetivos comunes para la ciudad y la región.


* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.

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