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En Colombia, la distancia existente entre la intención de compra y la culminación efectiva de una venta suele estar relacionada con las alternativas de pago que los comercios ofrecen a sus clientes. A pesar de que el país ha mostrado avances en materia de inclusión financiera, el acceso al crédito formal permanece restringido para un segmento importante de la población. Según cifras del Reporte de Inclusión Financiera (RIF) 2024, el 96,3 % de los adultos cuenta con al menos un producto financiero y el 95,8 % posee una cuenta de ahorro o corriente. Sin embargo, la realidad muestra que cerca del 70 % de los adultos no tiene un crédito activo con el sistema financiero, lo cual limita considerablemente la posibilidad de diferir pagos en el momento de la compra.
Este fenómeno se evidencia directamente en el comercio minorista, una dinámica en la que los clientes suelen expresar intención de compra, pero se ven imposibilitados de materializarla al no poder asumir el valor total de una transacción de manera inmediata. Frente a este obstáculo, la financiación en el punto de venta ha surgido como un mecanismo clave para concretar transacciones, tanto en tiendas físicas como en espacios digitales, facilitando el acceso y cierre de ventas.
La financiación en el punto de venta comprende las opciones de pago diferido o crédito que se ofrecen al consumidor justo al momento de la adquisición del bien o servicio. A diferencia de los esquemas de crédito tradicionales, este sistema exime al usuario de gestionar solicitudes externas o de someterse a procesos adicionales fuera del comercio. Entre sus modalidades se encuentran el pago por cuotas con tarjeta de crédito, préstamos instantáneos originados en plataformas digitales, soluciones de “compre ahora y pague después” bajo plazos cortos, así como líneas de crédito impulsadas directamente por los propios comercios para financiar artículos o servicios específicos.
De acuerdo con Creditop, integrar financiación en el punto de venta posibilita a los comercios brindar distintas alternativas de pago en un solo flujo, y elimina la dependencia exclusiva de las tarjetas de crédito. Esta integración se apoya en plataformas especializadas que enlazan a los establecimientos con diversos proveedores financieros, como bancos, cooperativas y empresas tecnológicas financieras —también conocidas como fintechs—, logrando así una aprobación casi instantánea al finalizar la compra. Los comercios incluso pueden activar líneas de crédito propias, respaldadas por sus recursos y apoyadas tecnológicamente por terceros.
Según declaraciones de Daniel Garzón, CEO de Creditop, ofrecer opciones de financiación en caja puede llegar a incrementar las ventas hasta un 40 % y elevar el valor promedio de las compras hasta en un 50 %. Si se combina financiación externa con líneas propias, el valor de las compras puede triplicarse, dependiendo del sector y el perfil del cliente. Además, prácticas recomendadas incluyen visibilizar las alternativas de pago antes de llegar a la caja, centralizar las opciones de crédito, diseñar productos específicos para ciertos clientes y garantizar agilidad en la toma de decisión, mostrando siempre las condiciones del crédito de forma transparente desde el inicio.
El marco regulatorio establece parámetros clave para la protección del consumidor. La Superintendencia Financiera definió, para enero de 2026, una tasa de interés bancario corriente del 16,24 % efectivo anual para crédito de consumo y fijó la tasa de usura en 24,36 % efectivo anual. Estas cifras se convierten en referencia a la hora de comparar alternativas de financiación dentro del comercio.
No se trata simplemente de una promoción pasajera: la financiación en el punto de venta es considerada, por actores del sector como Creditop, como una infraestructura esencial que permite que el crédito suceda donde más impacta: en el momento de la compra. De cara a 2026, esta mecánica será tan importante para el comercio como el mismo inventario o la exposición de productos.
El papel de la financiación en caja trasciende el plano individual de cada comercio, incidiendo directamente sobre la economía en general. El consumo de los hogares representa un 73 % del Producto Interno Bruto y el sector comercial absorbe alrededor del 16,8 % de la fuerza laboral. La adopción de esquemas de pago diferido promueve decisiones de consumo más ágiles y favorece la actividad comercial nacional.
¿Qué significa el término “fintech” y cuál es su importancia en la financiación al consumo?
El término “fintech” se refiere a las empresas tecnológicas financieras, es decir, organizaciones que fusionan innovación tecnológica y servicios financieros para ofrecer productos más ágiles, accesibles y personalizados para los usuarios. En el contexto colombiano, las fintech han empezado a cumplir un rol fundamental al crear ecosistemas que facilitan distintos métodos de financiación en el punto de venta, como soluciones para aprobación casi inmediata de créditos o integraciones directas con sistemas de pago de los comercios.
La relevancia de las fintech radica en su capacidad de acelerar procesos y proponer modelos más eficientes, respaldando a los establecimientos para ampliar la oferta de créditos y adaptarse al perfil de sus clientes. De esta manera, permiten superar barreras del crédito tradicional y contribuyen tanto a la inclusión financiera como al dinamismo comercial y económico del país.
* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.
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