Calvás se refiere a la joven en su columna apenas como Sherly, y dice que ocupaba en el canal de televisión pública el puesto de estratega de redes y ‘community manager’. Al volver de las 16 semanas dedicadas a su bebé, “fue convocada por sus jefes para notificarle que no iba a seguir trabajando en la empresa”.

Ella pidió una reunión con el gerente de la entidad, Juan Ramón Samper, agrega el columnista, “para conversar sobre la situación y tratar de salvar su empleo al menos durante el periodo de lactancia que está protegido por la ley, pero el intento fue en vano”.

Pero Samper, “seguro para sacársela de encima”, estima Calvás, la citó a una reunión que el columnista recrea así: “En lugar de aparecer él […] y darle la cara […], aparecieron […] tres abogados con los colmillos bien afilados y llenos de argumentos legales para señalar que nada se podía hacer ante la situación”.

La conversación, según Calvás, se desarrolló en estos términos: “[…] Le dijeron que su perfil ya no coincidía con las necesidades de la entidad. Ella les mostró su hoja de vida y sus conocimientos, hecho que desvirtuó el argumento. Luego le dijeron que no era cuestión del perfil, sino que el área en que ella trabajaba se iba a someter a […] reestructuración, motivo por el cual su cargo iba a desaparecer. Ella les imploró que al menos la reubicaran en la empresa mientras pasaban los meses de lactancia”.

“La respuesta de las fieras del gerente fue: es que usted es contratista por prestación de servicios y no tiene derecho a nada”, agrega Calvás, y lanza su comentario: “Esos contratos de prestación de servicios, tan útiles para simular que una entidad del Estado es pequeña, tan prácticos para garantizar la circulación de los nombramientos políticos a diestra y siniestra, son una monstruosidad que va en absoluta contravía de los derechos laborales de los colombianos”.

También cuenta que hoy la situación de la joven madre, por una acción de tutela, “parece tomar un matiz distinto, pues […] estaría a punto de ver restablecidos sus derechos”, pero se pregunta: “¿Qué pasa con aquellos que no tienen la buena fortuna de contar con unos abogados que también les muestren los colmillos a las fieras del gerente? ¿Es el fin de los derechos laborales?”.

Y remata: “Hace rato, a este país se le fue la mano en el uso de esa figura de contratación para justificar lo injustificable: tener empleados de segunda categoría, que no devengan vacaciones, que no perciben prestaciones, en fin, trabajadores que trabajan, pero sin los derechos que asisten a un empleado formal. ¿Hasta cuándo?”.