El máximo título del béisbol estadounidense se define en máximo siete partidos, otorgando el título al primero que gane cuatro.

En ese sentido, el equipo de Texas sabía que empezaba y terminaba jugando como local, una ventaja que se obtiene en el juego de las estrellas de mitad de temporada, pero que este año nunca pudo hacer efectiva sobre el terreno.

Washington ganó los dos primeros partidos en Houston y tenía tres seguidos de local. Sin embargo, y hablando de ventajas, se complicó y perdió los tres cuando podía haber definido todo en su propio estadio.

Al volver al sur, nadie esperaba que esa tendencia se mantuviera. Este martes, los Nationals empataron la serie a 3 partidos y todo quedaba por verse si la tendencia continuaría este miércoles.

Ambos equipos iniciaron con sus aces; los mejores lanzadores en su plantel. El local, Zack Greinke, no venía bien, pero se fajó un gran partido, mientras que el visitante, Max Scherzer, venía lesionado y había dudas sobre lo que podría hacer. Efectivamente, tuvo que luchar mucho y empezó perdiendo.

La ventaja era de solo dos carreras hasta la séptima entrada, cuando Anthony Rendón y Juan Howie Kendrick pegaron dos jonrones consecutivos, uno con un hombre en base, que volteaban el marcador 3-2 a su favor.

La tensión se transfería a la localía, que veía cómo sus figuras no atinaban a responder. En la octava llegó la cuarta carrera visitante y para la novena, prácticamente con los brazos abajo, llegaron dos más, para dejar las cosas 6-2.

Los ‘Nats’ ganaron de esta forma su primera Serie Mundial en tan solo 14 años de existencia. Solo el extinto equipo de los Senators había ganado un título mundial para la capital estadounidense, en 1924. Sin embargo, la hazaña fue conseguir todo como visitantes; una condición que en el béisbol suele pesar más que en otros deportes.